La robótica china busca en Singapur la puerta de atrás hacia EE.UU.

Vertex Ventures, respaldado por el Estado singapurense, cree que las firmas chinas de robótica pueden esquivar el veto de EE.UU. montando operaciones reales en Singapur. La idea llega cuando Unitree depende del mercado estadounidense para cerca del 18% de sus ingresos.
Las empresas chinas de robótica que se han quedado fuera del mercado estadounidense por las nuevas restricciones de Washington pueden seguir vendiendo en EE.UU. si montan operaciones reales en Singapur. Esa es la tesis de Vertex Ventures, firma de capital riesgo con sede en Singapur y respaldada por Temasek, el brazo inversor del Estado singapurense, que cuenta con la compañía de humanoides Unitree entre sus participadas. Su socio director en China, Choon Chong Tay, explicó a CNBC que las startups de origen chino con «contenido sustancial» en Singapur, donde controlarían los chips que dan vida a estos robots, podrían dirigirse al mercado estadounidense desde allí.
La propuesta llega en un momento delicado: en julio, la Administración Trump prohibió por motivos de seguridad nacional la entrada de robots humanoides y móviles fabricados en el extranjero, justo cuando los fabricantes chinos han tomado la delantera en hardware. El plan que plantea Tay, sin embargo, está todavía sin probar. Las normas comerciales internacionales suelen asignar el origen de un producto según dónde se transforma sustancialmente, según el Gobierno de EE.UU., y el propio Tay reconoció que son «ideas que ahora estamos tratando de pensar».
Vertex gestiona cerca de 3.000 millones de dólares repartidos entre fondos en dólares y en yuanes, y su cartera incluye a Unitree, Horizon Robotics (chips para conducción autónoma), Geek+ (robots de logística), Edge Medical (robots quirúrgicos) y Lightelligence (chips fotónicos). En el pasado, la firma acertó con Mobike, la empresa de bicicletas compartidas adquirida por Meituan en 2018 y que, según Tay, devolvió alrededor de diez veces la inversión inicial. Ahora su tesis es la «inteligencia física», es decir, la IA aplicada a la robótica: un sector que Tay cree que acabará siendo diez veces más grande que la industria del automóvil.
El negocio afectado no es menor. Según Kangyuxiao Li, analista de Morningstar, Unitree genera más del 40% de sus ingresos fuera de China, y alrededor del 18% procede de EE.UU. Perder ese mercado podría notarse en su ritmo de crecimiento. Tay apuesta a que la economía pesará más que la política: los consumidores y las empresas estadounidenses quieren lo que las fábricas chinas producen barato, dice, y de momento ninguna industria local cubre ese hueco. «Si un robot certificado en Singapur es seguro y tiene buen precio, ¿qué otra razón tenéis para no permitirnos exportar?», plantea.
La batalla, no obstante, puede ir más allá de los precios. Dien Wang, analista de Bernstein, considera que la prohibición es un hito en el desacople tecnológico entre EE.UU. y China y que podría extenderse a todo el complejo de la «inteligencia física»: vehículos inteligentes y robots fijos. Pekín, por su parte, guarda una carta: su dominio de las tierras raras usadas en actuadores y motores de los humanoides. «El control de los cuellos de botella críticos podría determinar quién lleva la ventaja», advierte Wang.
El análisis de Salseo
- El truco legal está en la «transformación sustancial»: si el robot se ensambla o se modifica en Singapur y la empresa controla allí los chips, puede dejar de ser «chino» a efectos comerciales. Pero una norma de origen no es un escudo contra un veto de seguridad nacional: Washington puede reinterpretar la regla o ampliar la prohibición, así que el plan no es a prueba de balas.
- El dato de Morningstar pone cifras al problema: Unitree ya saca del exterior más del 40% de sus ingresos y EE.UU. pesa un 18%. Si la puerta de Singapur no se materializa, un recorte así obligaría a estas empresas a recolocar su crecimiento en Europa, Oriente Medio o el sudeste asiático, con márgenes y ritmos distintos.
- Que Temasek esté detrás no es casualidad: Singapur tiene incentivos claros para convertirse en la plataforma neutral donde la tecnología china se «nacionaliza» de cara a Occidente. Eso atrae inversión, empleo cualificado y control de un nodo clave de la cadena, pero también convierte a la ciudad-Estado en diana de presiones políticas de Washington.
- El contrapunto geopolítico: aunque la lógica económica favorece a la robótica china, la partida puede escalar. EE.UU. puede ampliar el veto a vehículos inteligentes y robots fijos; China responde con las tierras raras de sus motores. El final se juega más en los cuellos de botella de la cadena de suministro que en el catálogo de producto.