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Rocket Lab se parece cada vez más a SpaceX: esto es lo que ven los analistas

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Rocket Lab se parece cada vez más a SpaceX: esto es lo que ven los analistas

Los analistas de Cantor Fitzgerald señalan dos motores de ingresos para Rocket Lab: una adquisición en marcha y su nuevo cohete de mayor tamaño. Con ellos, la compañía deja de ser un jugador de nicho y se adentra en el terreno de SpaceX.

Rocket Lab vuelve a estar en el punto de mira y no por un anuncio propio, sino por cómo la empiezan a mirar los analistas. La firma Cantor Fitzgerald ha publicado una nota en la que sostiene que la compañía se está convirtiendo en una competidora cada vez más seria de SpaceX, y señala dos palancas concretas que deberían impulsar sus ingresos: una adquisición que está en marcha y el nuevo cohete de mayor tamaño que la empresa tiene en desarrollo. Es decir, el mercado empieza a valorarla no como una lanzadera pequeña más, sino como un aspirante a jugar en la liga de los grandes.

Para entender el cambio hay que mirar de dónde viene Rocket Lab. La compañía se hizo un nombre lanzando cohetes pequeños, capaces de poner en órbita satélites de tamaño reducido, un negocio con muchos clientes pero también con márgenes ajustados y muy dependiente de que cada lanzamiento salga bien. Con los años ha ido ampliando el foco hacia la fabricación de componentes y sistemas espaciales, una parte del negocio más repetitiva y menos expuesta a que un cohete explote. Ese cóctel —lanzamientos más fabricación de equipos y satélites— es lo que la sitúa en una conversación distinta.

La pieza que falta por encajar es el cohete grande. El segmento de lanzamiento de carga pesada es donde están los contratos más suculentos, incluidos los institucionales y los del ámbito de la defensa y el aeroespacial, y hoy es un terreno donde SpaceX manda con holgura gracias a su Falcon 9. Si Rocket Lab consigue que su nuevo vehículo funcione y empiece a volar con regularidad, dejaría de competir solo por migajas y entraría de verdad en ese mercado. Ahí está el atractivo que ven los analistas y también el motivo por el que la compañía cotiza con tantas expectativas dentro del precio.

A quién afecta esto es fácil de resumir: a los inversores de Rocket Lab, cuyo valor depende mucho de que esa promesa se cumpla, y al conjunto del sector aeroespacial y de defensa, que lleva años buscando alternativas creíbles a un proveedor dominante. Lo que conviene vigilar no es la nota de un banco, sino los hechos: cómo avanza el nuevo cohete en sus pruebas, cómo se integra la adquisición y cuánto aporta realmente a las cuentas, y a qué ritmo es capaz la empresa de lanzar. Ahí es donde se verá si la comparación con SpaceX es una realidad o solo un titular bonito.

El análisis de Salseo

  • El cambio de fondo no es el cohete, es el modelo de negocio: Rocket Lab ha pasado de vender lanzamientos sueltos a vender también componentes y sistemas espaciales, un negocio más recurrente y menos expuesto a que un despegue salga mal. Eso es lo que permite compararla con SpaceX y no con cualquier lanzadera pequeña.
  • El cohete grande decide la tesis de inversión: sin él, Rocket Lab compite en un nicho; con él, entra en el segmento de satélites grandes y contratos de defensa, mucho más jugosos. El reverso es que cada retraso o fallo en las pruebas se paga caro en bolsa, porque el precio ya descuenta que saldrá bien.
  • La adquisición es crecimiento comprado, no orgánico: suma ingresos rápido, pero habrá que ver con qué se paga, cuánto tensiona la caja y si lo que aporta encaja con el resto. Si se paga con acciones, diluye a los actuales accionistas; si es con deuda, añade presión financiera.
  • Lectura contraria: esto es la opinión de un banco de inversión, no un anuncio de la empresa. Las notas de analistas mueven el precio unos días, pero a medio plazo manda la ejecución. Y la referencia a batir sigue siendo SpaceX: cualquier avance suyo en costes o cadencia de lanzamientos vuelve a apretar el margen de todos los demás.

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Fuente: Barrons