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Rocket Lab compra Iridium: el pulso con SpaceX ante la FCC y la votación clave del 24-S

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Rocket Lab compra Iridium: el pulso con SpaceX ante la FCC y la votación clave del 24-S

Rocket Lab compra Iridium por 8.000 millones para hacerse con su espectro de banda L, pero SpaceX pide a la FCC que vigile la operación y la acción lo nota. El 24 de septiembre, los accionistas de Iridium tienen la última palabra.

Rocket Lab ha dado el que ya es su movimiento más ambicioso: la compra de la operadora de satélites Iridium por unos 8.000 millones de dólares. La operación se paga a 54 dólares por acción, con la mitad en efectivo y la otra mitad en acciones de la propia Rocket Lab, y el resto se financia con un préstamo puente de 3.600 millones de dólares. El premio que persigue la compañía no son los satélites en sí, sino el llamado espectro de banda L de Iridium, una licencia de radio que permite mantener comunicaciones de voz incluso con mal tiempo. Con este paso, Rocket Lab se mete de lleno en la pelea por el espectro con SpaceX y Blue Origin, y de paso deja al descubierto un viejo enfrentamiento entre SpaceX e Iridium.

El ruido no ha tardado en llegar. SpaceX ha enviado una carta de tres páginas a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos pidiendo que examine la operación con lupa. En la carta no se opone a la compra, pero sí cuestiona las prácticas de negocio de Iridium. El mercado lo ha leído como un aviso y las acciones de Rocket Lab cayeron más de un 5% entre el 28 de agosto y el 1 de septiembre. La fecha clave es el 24 de septiembre: ese día los accionistas de Iridium votarán si aceptan la oferta de 54 dólares por acción. La mayoría de analistas espera que la operación se cierre el año que viene, y ese voto será la primera prueba real de si el precio convence y de si a los dueños de Iridium les da igual el empujón de SpaceX.

Aquí está el debate de fondo. Para pagar una compra así hay que tirar de deuda y de emisión de acciones, y eso es precisamente lo que incomoda al inversor. Rocket Lab ha puesto en marcha un programa de emisión de acciones (conocido como ATM) de 1.940 millones de dólares para apoyar la compra de Iridium, aunque la empresa subraya que sustituye a uno anterior y no es una autorización nueva. El número de acciones en circulación ha pasado de 448 millones en su salida a bolsa en 2021 a potencialmente 630 millones según cómo queden los términos finales del acuerdo. Los más pesimistas temen que se entre en una espiral en la que, cada vez que la acción baja, la compañía necesite emitir más papel. La cara B es que ese mismo capital se ha traducido en crecimiento: desde que trasladó su sede a Long Beach (California) en 2020, Rocket Lab ha hecho siete adquisiciones por 645 millones de dólares y en mayo de 2023 compró en subasta las instalaciones y equipos de Virgin Orbit.

El negocio, mientras tanto, ha cambiado de piel. En el último trimestre facturó 234 millones de dólares, y la mayor parte, 189 millones, ya viene de servicios espaciales y no de lanzar cohetes. Rocket Lab es hoy el segundo lanzador más prolífico de Estados Unidos, con una ristra de contratos que demuestran la confianza del sector. Aun así, la acción cotiza un 60% por debajo de los 151 dólares que llegó a tocar brevemente a finales de mayo y acumula una caída del 8% en lo que va de año. La sombra sobre el valor sigue siendo el retraso del Neutron, su cohete de nueva generación, mientras competidores como Stoke Space, Relativity Space, Firefly y Blue Origin preparan sus propios cohetes parcial o totalmente reutilizables para 2026. El 8 de septiembre la empresa dio una alegría al mercado con un avance tecnológico en paneles solares, pero fue un respiro corto.

La comparación que sobrevuela el sector es ULA, que tenía ventaja de salida en el espacio privado estadounidense, con dinero de sus matrices y contratos garantizados del Gobierno, y sin embargo se durmió y se vio adelantada por una generación de recién llegados. Rocket Lab ha elegido el camino contrario: moverse rápido, aunque sea a base de deuda y de acciones nuevas. Es un equilibrio difícil, porque en un negocio tan intensivo en capital el inversor pasa de la euforia a la paranoia en cuestión de titulares. Por eso el 24 de septiembre no es una fecha menor: si los accionistas de Iridium respaldan la oferta, será una señal de confianza en el proyecto de Rocket Lab para 2026 y más allá.

El análisis de Salseo

  • La carta de SpaceX a la FCC suena más a presión que a amenaza real: la propia compañía dice que no se opone a la compra, así que lo que busca es alargar plazos y desgastar la acción. La señal a vigilar no es el titular, sino si la FCC acaba imponiendo condiciones al espectro de Iridium o si el cierre se retrasa más allá de lo previsto.
  • El riesgo que de verdad pesa sobre Rocket Lab no es el retraso del Neutron, que ya está en el precio, sino la dilución: pagar la mitad en acciones, tirar de un préstamo puente de 3.600 millones y activar una emisión de 1.940 millones hace que el accionista actual tenga cada vez un trozo más pequeño de la empresa (de 448 a 630 millones de acciones potenciales).
  • La compra no va de satélites, va de una licencia: el espectro de banda L de Iridium permite voz incluso con mal tiempo y no se puede fabricar de cero, así que quien lo controle se asegura una posición de fuerza. Eso explica que la pelea con SpaceX sea tan agresiva y que la operación importe más allá de las cuentas de Iridium.
  • El voto del 24 de septiembre es el mejor termómetro: una aprobación holgada valida el precio de 54 dólares y despeja el camino; un rechazo o una abstención alta obligaría a renegociar y dejaría a Rocket Lab con la deuda y sin el activo. Ahí es donde el inversor sabrá si la apuesta estratégica se sostiene.

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Fuente: TipRanks