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SpaceX avisa a los operadores de satélites: "casi chocan con Starlink"

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SpaceX avisa a los operadores de satélites: "casi chocan con Starlink"

La compañía de Elon Musk denuncia que la mitad de los satélites que se acercaron peligrosamente a su red Starlink no compartían su posición, y pide reglas de tráfico orbital antes de multiplicar su constelación.

SpaceX ha pasado de la queja puntual al aviso formal. En una entrada publicada en su blog, la empresa de Elon Musk ha cargado contra otros operadores de satélites por una serie de aproximaciones peligrosas con su red Starlink, la mayor constelación de satélites del mundo, con alrededor de 11.000 aparatos en órbita. Según sus datos, este año Starlink ha tenido posibles casi-colisiones con unos 650 satélites, y la mitad de ellos no compartía públicamente su posición. El mensaje de fondo: quien no publica por dónde va su satélite está jugando a un juego peligroso en el espacio.

La compañía ha destacado dos episodios especialmente delicados. En agosto, uno de sus satélites pasó a solo 134 metros de otro, y el de Starlink tuvo que girar sus paneles hasta una posición de "perfil de cuchillo" para esquivarlo, después de que el otro aparato cambiara de dirección sin previo aviso. En octubre de 2025, otro satélite Starlink se libró por muy poco de un objeto que modificó su trayectoria y se colocó en una ruta que le habría hecho pasar a 57 metros de distancia. La cuenta oficial de Starlink lo resumía así en la red social X: no se puede mitigar un riesgo cuando otro operador maniobra sin comunicar una trayectoria prevista que incluya ese cambio de rumbo.

SpaceX sí publica los datos de trayectoria de sus satélites, pero no todos los operadores hacen lo mismo, y sostiene que esos huecos de información están elevando la probabilidad de un choque catastrófico. La cifra que maneja la empresa es llamativa: su red ha registrado unas 164.000 posibles colisiones en los últimos seis meses. Además, asegura que ha contactado con otros operadores para advertirles de fallos en sus sistemas de detección de colisiones, algunos de los cuales ni conocían hasta que SpaceX se lo contó. Los astrónomos llevan años avisando de que la acumulación de objetos en órbita puede desencadenar una reacción en cadena de choques cuyo rastro de basura deje partes de la órbita terrestre inservibles o, en el peor de los casos, complique el acceso de la humanidad al espacio.

No es la primera vez que Musk saca el tema. En enero, la compañía anunció que movería unos 4.400 satélites Starlink para reducir el riesgo de colisiones, meses después de un casi-choque con nueve satélites chinos. Según los datos que publica SpaceX, la gran mayoría de los satélites que tuvieron encuentros cercanos con Starlink este año y no compartían su trayectoria procedían de China. Pero la historia también tiene otra cara: en 2021, China se quejó ante Naciones Unidas de que dos satélites Starlink habían estado a punto de chocar con su estación espacial Tiangong.

El trasfondo del pulso es de escala: Starlink ya es la mayor constelación de satélites con enorme diferencia y va a crecer mucho más. Elon Musk ha dicho que la compañía planea lanzar hasta 100.000 satélites Starlink y hasta un millón de centros de datos orbitales en los próximos años. Cuanto más denso es el vecindario, más importa quién pone las reglas de circulación.

En resumen: la noticia no es un choque, sino un aviso público con cifras concretas que empuja el debate sobre la gestión del tráfico espacial, un asunto que afecta a todo el sector de satélites y aeroespacial.

El análisis de Salseo

  • La órbita baja es un recurso compartido y sin reglas claras se convierte en un coste: cada maniobra para esquivar a un vecino que no publica su ruta gasta combustible y acorta la vida útil del satélite. Con 11.000 aparatos ya en órbita y planes de llegar a 100.000, ese gasto por 'esquivar' deja de ser anecdótico y pasa a ser una partida recurrente que no sale en los titulares.
  • Lo que SpaceX está construyendo en realidad es un caso regulatorio: si logra que los reguladores obliguen a compartir los datos de trayectoria, gana quien tiene mejor software de coordinación y lo pagan los operadores pequeños con sistemas más flojos. Si no lo consigue, el riesgo de choque se reparte entre todos y quien más tráfico genera tiene más que perder.
  • Señal concreta a vigilar: cualquier norma nueva sobre datos de tráfico orbital y sistemas de vigilancia del espacio (el llamado conocimiento de la situación espacial). Ese es el negocio que se beneficiaría directamente si el miedo a las colisiones se convierte en obligación legal.
  • La lectura incómoda que el titular no cuenta: SpaceX es a la vez el mayor denunciante y el mayor generador de tráfico orbital, y su crítica a los operadores que no comparten datos se solapa con la tensión con China, que ya se quejó a la ONU por la estación Tiangong. Es un aviso legítimo, pero también una pieza de una partida geopolítica por las reglas del espacio.

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