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El Falcon 9 se agota: SpaceX gana poder de precio y los satélites pagan más

·NeutralImpacto medio
El Falcon 9 se agota: SpaceX gana poder de precio y los satélites pagan más

SpaceX recorta la producción del Falcon 9 y deja de vender lanzamientos compartidos, mientras la demanda de satélites se dispara hasta 2030. Menos cohetes disponibles y rivales en apuros: el acceso al espacio se encarece.

SpaceX (SPCX) está reduciendo la producción de su cohete Falcon 9 para volcar recursos en Starship, su vehículo de nueva generación. El movimiento llega en un momento delicado: según The Wall Street Journal, la compañía ha dejado de vender misiones compartidas (los llamados "rideshare", en los que varios clientes reparten el coste de un mismo lanzamiento) y algunas empresas ya no han podido reservar vuelos del Falcon 9 más allá de 2028. Las acciones de SPCX cerraron el lunes con un ligero descenso, en 151,85 dólares.

El contexto es el de un mercado que se queda sin sitio justo cuando más gente quiere volar. Gobiernos y compañías tienen previstos miles de lanzamientos de satélites hasta 2030 para redes de banda ancha, programas de seguridad nacional, observación de la Tierra y otros proyectos. Y el Falcon 9 es, de lejos, el caballo de batalla del sector: SpaceX lo lanzó 165 veces en 2025, frente a las 91 de 2023, y su precio de tarifa ha subido un 19% en cinco años, hasta los 74 millones de dólares por lanzamiento.

Lo que agrava el problema es que los competidores no están en condiciones de tapar el hueco. El cohete Vulcan de United Launch Alliance está en tierra después de un fallo en la tobera de un propulsor, el New Glenn de Blue Origin sufrió una explosión en la plataforma de lanzamiento en mayo, y otros vehículos como el Neutron de Rocket Lab (RKLB) o el Nova de Stoke Space siguen en fase de desarrollo. Con ese panorama, algunas empresas han optado por pagar más para blindar su calendario: Portal Space Systems, por ejemplo, compró un vuelo completo del Falcon 9 para 2028 para no arriesgarse a quedarse sin acceso a la órbita. AST SpaceMobile (ASTS) también ha señalado la disponibilidad de lanzamientos como uno de los principales obstáculos para desplegar su red de satélites y ha hablado de posibles acuerdos con socios o incluso de adquirir tecnología de cohetes para asegurarse capacidad futura.

SpaceX no se está deshaciendo del Falcon 9 de un día para otro: planea fabricar suficientes unidades para atender a clientes durante varios años más, y el ejército estadounidense ya tiene reservadas más de 50 misiones de seguridad nacional con cohetes Falcon. La gran incógnita es la velocidad a la que Starship asumirá ese papel. El nuevo vehículo podría transportar cargas mucho mayores y ampliar enormemente la capacidad de lanzamiento, pero los clientes siguen sin respuestas firmes sobre cuándo estará disponible comercialmente y a qué precio. Además, SpaceX lo necesita para sus propios satélites de Starlink y para su proyectada infraestructura de inteligencia artificial en el espacio, lo que añade presión interna.

El resultado es un equilibrio delicado de doble filo. Para SpaceX, la escasez refuerza la economía de su negocio de lanzamientos: los clientes con pocas alternativas están más dispuestos a pagar por una plaza garantizada, sobre todo cuando un retraso puede retrasar el despliegue de satélites y, con él, los ingresos. Para el resto, el encarecimiento del acceso a la órbita aprieta los presupuestos y obliga a replanificar. Y si la transición a Starship se alarga más de lo previsto, los huecos del Falcon 9 sostendrán precios más altos durante más tiempo, mientras los operadores de satélites rastrean el mercado en busca de una alternativa creíble.

El análisis de Salseo

  • El mecanismo es de libro: SpaceX retira capacidad probada (el Falcon 9) antes de que la nueva (Starship) esté lista para el mercado comercial. Deja de vender huecos compartidos y no hay plazas más allá de 2028, así que quien no quiera arriesgarse a quedarse en tierra paga lo que haga falta. Para las empresas que dependen de colgarse de un cohete de otro, el coste del acceso al espacio deja de ser un gasto predecible.
  • La escasez le cae del cielo a SpaceX en términos de poder de negociación: su tarifa ya ha subido un 19% en cinco años hasta 74 millones por lanzamiento y, con rivales como Vulcan en tierra, New Glenn explotado en plataforma y el Neutron de Rocket Lab aún sin volar, los clientes tienen pocas puertas a las que llamar. Cada trimestre extra de retraso ajeno se traduce en precios más firmes para SPCX.
  • El matiz que el titular no cuenta: esto también es una oportunidad clara para Rocket Lab y su cohete Neutron. Si hay demanda embotellada y Starship tarda, el primer competidor que complete vuelos fiables y a escala se lleva clientes que hoy no tienen alternativa. La otra cara: el propio desarrollo del Neutron sigue en el aire, y un retraso suyo convertiría la oportunidad en una ventana perdida.
  • Para AST SpaceMobile el riesgo es directo, porque ya ha reconocido que la disponibilidad de lanzamientos es un cuello de botella para desplegar su red y ha coqueteado con asegurarse tecnología propia de cohetes. La señal concreta a vigilar no es el precio del Falcon 9, sino la cadencia de lanzamientos de Starship: si despega comercialmente antes de que el Falcon 9 se agote, la tensión de precios se relaja; si no, el sector se pelea por menos sitios y a mayor coste.

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Fuente: TipRanks