SpaceX pone fecha a su primer vuelo orbital de Starship: 22 de septiembre

SpaceX prepara para el 22 de septiembre el decimocuarto vuelo de prueba de Starship, que por primera vez llevaría la nave a completar órbitas alrededor de la Tierra y desplegar satélites Starlink V3.
SpaceX, que cotiza en bolsa bajo el ticker SPCX, ha anunciado que prepara su siguiente vuelo de prueba de Starship para el próximo 22 de septiembre, siempre que la meteorología y los permisos acompañen. Sería el decimocuarto vuelo de prueba del cohete y, si sale bien, marcaría un antes y un después: la nave entraría por primera vez en órbita alrededor de la Tierra y aprovecharía el viaje para desplegar un primer lote de satélites Starlink V3.
La diferencia con lo anterior no es solo de altura, sino de duración y de capacidad. En julio, el último test se quedó en una trayectoria suborbital: el vehículo llegó al espacio, pero regresó a la Tierra sin completar una vuelta entera al planeta. Ahora la compañía quiere demostrar que Starship aguanta en órbita y sigue funcionando durante horas, que es lo que permite poner cosas en el espacio y soltarlas donde toca.
El plan, pendiente todavía de la aprobación de los reguladores, es una misión de casi 10 horas en la que Starship volará a unos 275 kilómetros de altura, dará unas seis vueltas a la Tierra y terminará con un amerizaje en el océano Pacífico, al oeste de Chile. En paralelo, SpaceX probará también los procedimientos del propulsor: el lanzamiento, la separación de la nave, la maniobra de retorno y su propio amerizaje. Todo ello apunta al mismo objetivo declarado: un sistema de lanzamiento orbital totalmente reutilizable.
El punto clave para el negocio es doble. Por un lado, si la nave aguanta varias órbitas y vuelve, se acerca el momento en que cada lanzamiento cueste mucho menos, porque el cohete se puede recuperar y volver a usar en vez de tirarlo. Por otro, desplegar los primeros Starlink V3 convertiría a Starship en algo más que un prototipo experimental: pasaría a ser la herramienta que pone en el espacio la siguiente generación de la red de satélites de la compañía.
No obstante, todo depende de que la autoridad reguladora dé luz verde a la misión en las próximas semanas. Un retraso en el permiso, un fallo en el despegue o un amerizaje que termine mal podría devolver el programa a la casilla de salida durante un tiempo. Es, en resumen, una cita de alto voltaje técnico y también bursátil para una compañía que ya cotiza y que vive de que estos hitos se vayan cumpliendo uno detrás de otro.
El análisis de Salseo
- Lo que de verdad se juega SpaceX no es 'volar más alto', sino completar órbitas: eso obliga a que la nave aguante horas en el espacio y soporte la vuelta a la atmósfera. Si lo consigue, deja de ser un prototipo y empieza a parecerse a un sistema de transporte reutilizable, que es donde está el ahorro de costes.
- Desplegar los primeros Starlink V3 es la parte que el mercado debería mirar con lupa: convierte a Starship en la infraestructura de lanzamiento del negocio de conectividad de la compañía, no solo en un escaparate tecnológico. Si esos satélites funcionan, se abre la puerta a lanzamientos más frecuentes y con más carga útil.
- El riesgo más inmediato no está en el cohete, sino en el trámite: la misión sigue pendiente de aprobación regulatoria. Conviene vigilar la confirmación del permiso y la fecha definitiva; cualquier retraso ahí retrasa a su vez los siguientes vuelos y el despliegue de satélites.
- Lectura contraria: que un vuelo de prueba salga bien no equivale a ingresos. Pasar de test a cadencia comercial exige muchos lanzamientos encadenados y un historial de fiabilidad que aún no existe, así que un titular eufórico por una sola órbita puede ser una sobrerreacción si después el ritmo de vuelos se atasca.