SpaceX y Rocket Lab: los analistas ven recorrido al alza de dos dígitos en el espacio

Wall Street pone precio a las dos grandes apuestas cotizadas del negocio espacial: SpaceX, recién salida a bolsa, y Rocket Lab, la veterana de los lanzamientos pequeños. El mercado espacial superará los 174.000 millones este año.
La economía del espacio ya no es ciencia ficción: hay infraestructura en órbita, satélites que dan servicios que van desde las telecomunicaciones hasta la navegación o la predicción del tiempo, y una red de empresas de lanzamiento cada vez más amplia que sostiene todo eso. Mientras se planifica la retirada de la Estación Espacial Internacional (ISS), tanto el sector público como el privado miran ya a bases en la Luna o a misiones a Marte. Pero el negocio que hoy da de comer es el de la infraestructura orbital. El mercado global de infraestructura espacial superó los 160.000 millones de dólares el año pasado, se espera que alcance los 174.300 millones este año y que crezca a un ritmo anual del 10% hasta 2034, cuando llegaría a los 373.700 millones. Más satélites significa más necesidad de cohetes para ponerlos arriba.
El primer nombre de la lista es SpaceX (SPCX), la compañía de Elon Musk, que salió a bolsa el pasado junio en la mayor colocación de la historia de Wall Street: levantó más de 85.000 millones de dólares y unos días después tocó una capitalización cercana a los 3 billones, aunque desde entonces ha bajado y ahora vale algo más de 2 billones. La empresa acumula hitos: su nave Dragon fue la primera comercial en llevar carga a la ISS en 2012 y, en 2020, la primera en llevar pasajeros humanos. Es conocida además por sus cohetes reutilizables, en especial el Starship, capaz de poner en órbita más de 100 toneladas y volver a aterrizar entero. En la última semana de septiembre, el sistema que realizó el vuelo 14 logró alcanzar la órbita terrestre y desplegar 26 satélites Starlink V3. A esto se suma su pata de inteligencia artificial: controla xAI, la firma detrás de Grok, y trabaja en Starmind, una constelación de satélites pensada para llevar capacidad de cálculo de IA al espacio y devolver resultados a la Tierra por una red de baja latencia.
En lo financiero, la compañía crece muy rápido pero todavía pierde dinero. En sus cuentas del segundo trimestre de 2026, las primeras tras el estreno bursátil, ingresó 7.800 millones de dólares, un 92% más que un año antes, con unas pérdidas netas de 541 millones, eso sí, 467 millones mejores que los 1.000 millones que se dejó en el mismo trimestre de 2025. El analista de TD Cowen John Blackledge cree que SpaceX puede aprovechar una oportunidad de mercado enorme en inteligencia artificial y desarrollo espacial, y calcula que sus ingresos crezcan a un ritmo anual del 62% durante cinco años, hasta 2031, con un EBITDA que ronde los 297.000 millones ese año. Su recomendación es comprar, con un precio objetivo de 200 dólares, un 35% por encima del actual. En conjunto, la acción cotiza a 148,07 dólares y el precio objetivo medio de los 34 analistas que la siguen es de 233,10, lo que implica un potencial del 57%. El consenso es de compra moderada: 27 compras, 5 mantener y 2 ventas.
El segundo protagonista es Rocket Lab (RKLB), fundada en 2006 y una de las pocas empresas del sector con un calendario de lanzamientos realmente regular y fiable. Su cohete Electron, reutilizable, se ha convertido en una de las plataformas de referencia para llegar a la órbita baja terrestre, especializada en cargas pequeñas de menos de 300 kilogramos, lo que lo hace idóneo para microsatélites. Hasta la fecha acumula 97 lanzamientos y más de 267 cargas puestas en órbita. Los analistas también ven en ella un recorrido al alza de dos dígitos, según recoge el análisis, aunque su perfil es muy distinto al de SpaceX.
La lectura de fondo es sencilla: si la infraestructura orbital es la parte más valiosa del pastel y su demanda no deja de crecer, los lanzamientos funcionan como el peaje que hay que pagar para acceder a él. Eso explica el interés de los inversores por dos compañías tan diferentes: una gigante con dos motores (espacio e inteligencia artificial) que aún no gana dinero, y otra más pequeña y especializada que vive de la cadencia y la fiabilidad de sus lanzamientos.
El análisis de Salseo
- Lo relevante aquí no es un contrato ni un resultado, sino los precios que pone Wall Street: SpaceX cotiza a 148,07 dólares y el objetivo medio de los analistas es 233,10. Esa brecha del 57% es típica de una compañía que acaba de estrenarse en bolsa y todavía no tiene una base de accionistas estable que fije bien su valor.
- SpaceX tiene dos motores muy distintos: lanzamientos espaciales e inteligencia artificial (xAI/Grok y el proyecto Starmind). Eso la ata al apetito del mercado por la IA, no solo al sector espacial. Si la narrativa de la IA se enfría, su valoración lo notará aunque sus cohetes sigan volando igual de bien.
- Rocket Lab juega otra liga: gana dinero con cargas pequeñas y lanzamientos frecuentes (97 lanzamientos, más de 267 satélites), donde lo que importa es la fiabilidad y no prometer cohetes gigantes. Es una posición menos espectacular pero más defendible frente a un rival que aspira a comerse el mercado con el Starship.
- La señal concreta a vigilar es doble: cuándo entra el Starship en servicio comercial (podría tensionar precios y cadencia para rivales pequeños como Rocket Lab) y si SpaceX consigue reducir pérdidas. De momento ingresa mucho más, pero sigue perdiendo cientos de millones cada trimestre.
- El dato del sector da la escala: pasar de 174.300 millones este año a 373.700 en 2034 supone más que duplicar el negocio. Pero es una previsión a diez años y depende de que la demanda de satélites y de servicios desde órbita se cumpla, algo que no está garantizado.