SpaceX intentará poner Starship en órbita por primera vez el 22 de septiembre

SpaceX prepara el decimocuarto vuelo de prueba de Starship, en el que por primera vez tratará de dejar su etapa superior dando vueltas alrededor de la Tierra y soltar 26 satélites Starlink de nueva generación.
SpaceX ya tiene fecha para el que puede ser el hito más importante de su programa de cohetes gigantes. La compañía ha anunciado que el próximo 22 de septiembre intentará lanzar Starship en su decimocuarto vuelo de prueba y, esta vez sí, tratará de colocar su etapa superior en órbita alrededor de la Tierra por primera vez. La ventana de lanzamiento será de 75 minutos y se abrirá a las 7:15 de la mañana, hora central de Estados Unidos.
El objetivo no es solo dar una vuelta al planeta. Durante el vuelo, SpaceX quiere desplegar el primer lote de satélites Starlink de tercera generación (los llamados V3) dentro de su red de 10.000 satélites de internet. En concreto, espera poner en órbita 26 de estos aparatos. Si todo sale bien, será el primer lanzamiento de Starship que genere ingresos para la división de lanzamientos de la empresa, aunque ese dinero venga, en realidad, de otra división de la propia compañía, la de internet satelital.
Este será el segundo vuelo de prueba de Starship desde que SpaceX salió a bolsa en junio, en la mayor OPV de la historia. El primero llegó en julio y sirvió para desplegar por primera vez satélites V3 de Starlink, aunque aquellos solo probaban la capacidad de soltar carga del cohete y acabaron desintegrándose en la atmósfera al cabo de unos 20 minutos. Conseguir que la etapa superior se quede orbitando sería un salto de nivel: SpaceX ha gastado miles de millones en el programa y su plan es jubilar los cohetes Falcon 9 y Falcon Heavy para quedarse con Starship. Su fundador y consejero delegado, Elon Musk, ha dicho que ese relevo llegará cuando Starship vuele "de forma fiable varias veces por semana" y así ahorrar "los escasos recursos de ingeniería y producción" de la empresa.
Pero no todo el vuelo va a ser un camino de rosas. SpaceX necesita que Starship llegue a órbita de forma fiable, vuelva a casa y se pueda reutilizar rápido para cumplir la enorme cadencia de lanzamientos que prometió durante su salida a bolsa, y esta prueba solo cubre la primera parte de esa ecuación. Musk ha rebajado las expectativas sobre atrapar la etapa superior con la torre de lanzamiento en este vuelo, alegando que una explosión sería un retroceso demasiado grande para la compañía en este momento. Tampoco se intentará recuperar el propulsor Super Heavy, que ha dado problemas en los últimos ensayos: en el vuelo 13, en julio, le costó volver a encender sus motores tras separarse de la etapa superior. Para esta misión, SpaceX ha introducido otra ronda de modificaciones en el hardware y el software del propulsor para atajar esos fallos.
La parte que mejor se comportó en julio fue precisamente la etapa superior, que aunque no llegó a órbita completó un vuelo suave hasta un aterrizaje simulado en el océano Índico. Ni siquiera estalló al volcar en el agua, lo que permitió a la empresa pasar los últimos meses recogiéndola y remolcándola poco a poco hasta su sede de Texas. De ese examen, según ha contado SpaceX, han salido también nuevos ajustes en el escudo térmico de la nave.
El análisis de Salseo
- Llegar a órbita no es solo un logro técnico: es el interruptor que convierte a Starship de gasto en negocio. Si el vuelo sale bien, será el primer lanzamiento de Starship que factura, aunque el cliente sea la propia división de Starlink. Esa 'factura interna' es justo lo que SpaceX necesita enseñar para justificar los miles de millones invertidos y lo prometido en su salida a bolsa.
- El cuello de botella real no está en la etapa superior, que funcionó bien en julio, sino en el propulsor Super Heavy, que falló al reencender motores tras la separación. Sin recuperar y reutilizar ese propulsor con rapidez, la cadencia de lanzamientos prometida es imposible. La señal concreta que hay que vigilar el 22 de septiembre es si esa reignición funciona.
- La empresa ya está en el escaparate del mercado: dos vuelos de prueba en unos tres meses desde su salida a bolsa, con los inversores mirando. Eso cambia los incentivos. Musk ha renunciado a intentar atrapar la etapa superior con la torre porque una explosión sería un retroceso demasiado caro, lo que sugiere un modo 'no romper nada' más conservador de lo que suele ser habitual en él.
- Aunque el hito es grande para el sector aeroespacial, conviene relativizarlo: es un intento, no un resultado, y el propio programa arrastra retrasos y fallos recurrentes en la fase de reutilización. La prueba valida la ida, pero la ecuación económica de Starship depende de la vuelta rápida y repetida, que aún está sin demostrar.