SpaceX prepara el vuelo 14 de Starship: primera órbita y seis vueltas a la Tierra

SpaceX (SPCX) apunta al lunes 28 de septiembre para el que sería el primer vuelo orbital de Starship, que daría seis vueltas a la Tierra y desplegaría 26 satélites Starlink.
SpaceX (SPCX) tiene marcado el lunes 28 de septiembre en el calendario para lo que sería un antes y un después en su programa de cohetes: el vuelo 14 de Starship, el primero que intentaría alcanzar la órbita terrestre. La nave, bautizada Ship 41, despegaría desde Starbase (Texas) y unos 25 minutos después entraría en órbita. A partir de ahí daría aproximadamente seis vueltas al planeta a unos 275 kilómetros de altura (171 millas) y, tras casi 10 horas en el espacio, encendería un motor para frenar y amerizar en el Pacífico, al oeste de Chile. El propulsor Super Heavy, en cambio, regresaría mucho antes: su objetivo es caer en el Golfo de México unos siete minutos después del lanzamiento.
Ese recorrido rompe con todo lo visto hasta ahora. Los 13 vuelos anteriores de Starship siguieron trayectorias suborbitales, es decir, la nave llegaba al espacio y volvía a caer en aproximadamente una hora. El vuelo 14 añadiría una breve maniobra de inserción orbital para dar a Ship 41 la velocidad suficiente como para no caer y seguir dando vueltas alrededor de la Tierra. Como preparación, SpaceX completó el jueves un ensayo general húmedo: cargaron el cohete con propelente y repasaron todo el proceso de lanzamiento sin encender los motores. La ventana de lanzamiento es de 75 minutos y se abre a las 7:15 hora central de EE. UU., siempre pendiente de la aprobación regulatoria final.
Alcanzar la órbita permitiría además otro estreno: Ship 41 llevaría a bordo 26 satélites Starlink V3 que, esta vez sí, se quedarían en el espacio tras el despliegue. En el vuelo 13 viajaron 20 satélites V3, pero volvieron a tierra porque la trayectoria era suborbital. Los 26 nuevos sumarían unos 26 terabits por segundo de capacidad de red, y la compañía sostiene que una sola carga de Starship puede aportar alrededor de 10 veces más capacidad que un lanzamiento de Falcon 9 con los antiguos satélites V2 Mini.
El vuelo también funcionará como banco de pruebas técnica. Tres satélites fotografiarán el escudo térmico de Starship antes de la reentrada para que los ingenieros puedan revisar si las losetas han sufrido daños. Ship 41 incorpora fijaciones extra en las losetas más expuestas, arreglos en las zonas donde el plasma caliente se había colado por detrás del escudo y dos losetas reutilizadas de la nave Ship 40. El propulsor Booster 21 también llega con mejoras después de que el hielo bloqueara tres motores durante el aterrizaje del booster anterior: se ha añadido un mejor filtrado de motores y nuevo software de reencendido. Eso sí, en este vuelo ninguno de los dos vehículos intentará la maniobra de captura con la torre.
Se trata, en definitiva, del paso que convertiría a Starship en algo más que un vehículo de demostración: si consigue poner carga en órbita y dejarla allí, abre la puerta a lanzar bloques enteros de la red Starlink de una sola vez. Todo ello con la incertidumbre propia de un vuelo de prueba y con el permiso de los reguladores aún por cerrar.
El análisis de Salseo
- El salto no es 'volar más alto', es cambiar de categoría: con la inserción orbital la carga se queda en el espacio en lugar de caer en una hora, y eso es justo lo que convierte a Starship de cohete de pruebas en lanzador con uso comercial real.
- El negocio que hay detrás es Starlink: 26 terabits por segundo y hasta 10 veces la capacidad de un Falcon 9 con los V2 Mini. Si cada vuelo mete en órbita un bloque así, el coste por unidad de capacidad en el espacio se hunde, que es la palanca que sostiene la tesis de la compañía.
- Los detalles técnicos anticipan dónde duele: los arreglos en el escudo térmico (más fijaciones, zonas donde el plasma se colaba) y el hielo que bloqueó tres motores del booster anterior. Señal a vigilar: si las losetas aguantan la reentrada y si el Super Heavy reenciende sin fallos; que no haya captura con torre indica que aún no quieren arriesgar la infraestructura.
- La lectura contraria: sigue siendo un vuelo de prueba, y las pruebas fallan. Un problema en la inserción orbital o en el despliegue de los 26 satélites retrasaría el calendario del próximo intento y devolvería la pelota al tejado técnico, además de que el lanzamiento depende de que la aprobación regulatoria llegue a tiempo.