Starfish Space lanza su primer Otter: el 'reparador' de satélites ya está en órbita

El primer vehículo de servicio de satélites a escala real de Starfish Space despega en un Falcon 9 de SpaceX junto a otras 129 cargas, con una misión de 15 millones de dólares de la NASA como primer gran examen.
El primer vehículo de servicio de satélites a escala real de Starfish Space ya está en órbita. El Otter despegó este 1 de octubre desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg (California) a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX, dentro de la misión de lanzamiento compartido Transporter-18, que puso en el espacio 130 cargas de distintos clientes. El aparato, del tamaño aproximado de un horno de cocina y con sus paneles solares plegados para el viaje, se separó de la etapa superior del cohete poco más de una hora después del lanzamiento y encendió sus sistemas para comenzar a operar. La empresa, con sede en Tukwila (Washington), da así el salto definitivo desde los prototipos hacia un vehículo plenamente operativo.
Una vez completada su puesta a punto, el Otter se acercará e inspeccionará una serie de satélites fuera de servicio dentro de una misión de la NASA dotada con 15 millones de dólares y bautizada SSPICY (Small Spacecraft Propulsion and Inspection Capability). Las capacidades que se demuestren en ese encargo podrían reutilizarse en el futuro para comprobar la salud de satélites que sí están activos o para deshacerse de naves ya inservibles. «El éxito de la misión es ir y prestar ese servicio comercial de inspección sobre varios de estos vehículos, y eso ya sería un enorme triunfo», explicó a GeekWire la semana pasada el cofundador de Starfish, Trevor Bennett. «Pero además traemos el Otter para dar servicio mucho más allá de eso: podríamos inspeccionar más naves o incluso hacer algún acoplamiento adicional después de la misión inicial».
Esta primera misión llega después de dos pruebas orbitales con prototipos más pequeños, los Otter Pup. La primera no consiguió engancharse a su satélite objetivo, aunque sí sirvió para demostrar el sistema de seguimiento de naves de Starfish; la segunda se lanzó el año pasado y actualmente sigue aproximándose a su objetivo. Con el Otter a escala completa ya en órbita, la compañía prepara los siguientes encargos: una tarea de retirada de satélites para la Agencia de Desarrollo Espacial (SDA) del Pentágono, dos misiones comerciales de servicio en órbita geoestacionaria y otras dos misiones de servicio para la Fuerza Espacial de Estados Unidos.
El interés del lanzamiento va mucho más allá de Starfish. La Transporter-18 es un ejemplo perfecto de cómo los vuelos compartidos de SpaceX han abaratado el acceso al espacio para empresas emergentes. En este mismo cohete viajaron el primer satélite de transmisión de energía de Cowboy Space (Reason-1), que pretende recoger energía solar en órbita y enviarla a un receptor en tierra mediante un láser de clase kilovatio; el prototipo M1 del Proyecto Suncatcher de Google, fabricado por Planet Labs, que probará cómo se comportan sus chips de inteligencia artificial en el espacio; el satélite Protostar de Star Catcher, para experimentar con el reparto de energía entre naves; y el CubeSat SPRITE, financiado por la NASA y liderado por la Universidad de Colorado, que estudiará cómo las estrellas y galaxias dieron forma al universo primitivo.
Todo esto dibuja un sector que deja de limitarse a «poner cosas arriba» para pasar a mantenerlas, revisarlas y retirarlas. La clave para el inversor es que Starfish no quiere ser solo un servicio de grúa espacial, sino construir un mercado de servicios recurrentes con la NASA y el Pentágono como primeros clientes. El primer Otter es, en la práctica, la prueba de concepto de si ese negocio es real o solo una promesa bonita sobre el papel.
El análisis de Salseo
- El negocio real no es 'inspeccionar satélites', es crear un mercado de servicios recurrentes en órbita: alargar la vida de naves activas, revisarlas o retirar las que ya no sirven. Si el modelo cuaja, la basura espacial deja de ser un problema y pasa a ser una fuente de ingresos por contrato.
- El hito técnico que decide la tesis es el acoplamiento: los dos prototipos anteriores no completaron el enganche con su objetivo. Otter debe demostrar que puede acercarse, sujetarse y operar sobre una nave que no colabora, que es la parte más difícil; hasta entonces, todo lo demás es promesa.
- El respaldo público (NASA, la agencia SDA del Pentágono y la Fuerza Espacial) es lo que hoy sostiene económicamente a este tipo de empresas: son contratos con presupuesto ya asignado que permiten aguantar mientras el mercado puramente comercial madura. Señal concreta a vigilar: cuántos de esos encargos anunciados se convierten en misiones firmes con fecha.
- La cara B: depender del lanzamiento compartido de SpaceX abarata el acceso al espacio, pero también deja la puerta de entrada en manos de un socio que podría acabar compitiendo en el mismo negocio. Y el nicho de servicios en órbita se está llenando de rivales, así que la ventaja de ser el primero en volar hay que convertirla rápido en contratos.