Starship afronta su lanzamiento más arriesgado: primera órbita y 26 satélites reales

SpaceX intenta este lunes llevar Starship a órbita por primera vez y desplegar 26 satélites Starlink V3, su primer vuelo con carga que genera ingresos. Nunca antes había tanto en juego en una prueba.
SpaceX se prepara para lo que la propia compañía considera su lanzamiento más importante de Starship hasta la fecha. Si todo sale según lo previsto, el cohete de unos 122 metros de altura despegará desde la base de lanzamiento que la empresa tiene en Texas alrededor de las 7:46 de la mañana (hora central de Estados Unidos) del lunes. Será el decimocuarto vuelo de prueba del sistema y, sobre todo, el primero en el que intentará alcanzar una órbita estable.
La novedad no es solo llegar al espacio, sino con qué llega. Starship transportará 26 satélites Starlink V3, la última versión de los aparatos que SpaceX usa para dar servicio de internet desde la órbita baja. Es la primera vez que el megacohete vuela con carga que genera ingresos reales, y el despliegue correcto de esos satélites es uno de los objetivos centrales de la misión. En esta ocasión, además, la compañía no intentará atrapar el propulsor gigante con los brazos de su torre de lanzamiento: tanto el propulsor como la etapa superior amerizarán en el Golfo de México y el océano Pacífico. Eso reduce el riesgo en el aterrizaje, pero multiplica los puntos donde puede fallar algo, porque Starship tendrá que entrar en órbita, soltar los satélites, mantener sus sistemas funcionando durante casi 10 horas, volver a encender un motor para salir de órbita y sobrevivir a una reentrada controlada. Como en cualquier lanzamiento, la ventana horaria puede cambiar a última hora por cuestiones como el tiempo meteorológico.
¿Por qué es tan determinante? Porque de este tipo de vuelos depende la expansión de Starlink, que se ha convertido en una de las patas más rentables del negocio de SpaceX y aportó la mayor parte de sus ingresos el año pasado. Starship tiene mucha más capacidad que el Falcon 9, así que utilizarlo para poner en órbita los satélites V3 permitiría engordar la constelación de forma mucho más rápida. La compañía ha presentado planes para lanzar 100.000 satélites Starlink en los próximos años, frente a los aproximadamente 11.000 actuales, y Elon Musk ha llegado a decir que el servicio de internet por satélite podría cubrir la mayor parte del internet mundial en menos de una década. Cumplir esos objetivos es lo que sostiene la valoración de 2 billones de dólares que la empresa alcanzó tras una salida a bolsa récord el pasado junio.
La clave está en la reutilización. A diferencia del Falcon 9, Starship está diseñado para ser totalmente reutilizable, y los directivos de SpaceX calculan que eso podría abaratar hasta 10 veces el coste de poner carga en el espacio. Eso sería decisivo para construir y mantener constelaciones gigantes sin dejar de ganar dinero, y abre la puerta a planes más fantasiosos: la compañía ha hablado de hasta un millón de satélites funcionando como centros de datos orbitales, con Musk apostando por entrenar modelos de lenguaje en el espacio para ganar ventaja en la carrera de la inteligencia artificial. Starship es también el pilar de sus planes a largo plazo de tener presencia humana (y robótica) en la Luna y, más adelante, de asentarse en Marte.
Conviene recordar que se trata de un vuelo de prueba y que Musk ha asegurado que el cohete podría llegar a lanzarse una vez al día en el plazo de un año. Esa cadencia, y no un lanzamiento concreto, es lo que realmente está en juego.
El análisis de Salseo
- El salto de 'prueba' a 'negocio': hasta ahora cada vuelo de Starship servía para aprender, pero este lleva 26 satélites Starlink V3 que generan ingresos. Si el despliegue falla, el daño no es solo técnico, sino un retraso directo en la expansión de la línea de negocio que aportó la mayoría de los ingresos de la compañía el año pasado.
- El riesgo cambió de sitio. Renunciar a atrapar el propulsor con la torre reduce las posibilidades de susto en el aterrizaje, pero añade pasos nuevos que nunca se han hecho seguidos: mantenerse en órbita, soltar los satélites, aguantar 10 horas funcionando, reencender el motor y sobrevivir a la reentrada. Cada paso extra es una oportunidad más de que algo salga mal.
- Nadie está validando todavía la promesa estrella: el coste hasta 10 veces menor depende de que el cohete sea reutilizable, y en este vuelo precisamente se renuncia a recuperar el propulsor. O sea, la ventaja económica que sostiene los planes de 100.000 satélites o de los centros de datos orbitales sigue sin demostrarse en la práctica.
- La métrica a vigilar no es este lanzamiento, sino la cadencia: Musk habla de un despegue al día en un año y de pasar de unos 11.000 a 100.000 satélites, mientras cada vuelo lleva 26. La valoración de 2 billones de dólares se apoya en un ritmo de lanzamientos que aún no ha ocurrido. Señal concreta: cuándo vuelven a intentar atrapar el propulsor y cuánto tardan entre vuelo y vuelo.