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Super Micro, CoreWeave y Nebius caen: los jefes de la IA piden frenar el sector

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Super Micro, CoreWeave y Nebius caen: los jefes de la IA piden frenar el sector

Las principales compañías de infraestructura de inteligencia artificial se hunden tras el llamamiento de varios líderes tecnológicos a ralentizar el desarrollo de la IA por motivos de seguridad. El bono a 10 años de EEUU al 5% añade presión al sector.

Este lunes 14 de septiembre, los valores relacionados con la infraestructura de inteligencia artificial han sufrido un castigo notable en bolsa. Super Micro Computer (SMCI) caía un 6,1%, Vertiv Holdings un 7,7%, CoreWeave (CRWV) un 5,6% y Nebius (NBIS) un 5,3%. El detonante no ha sido un mal resultado ni un contrato perdido, sino un pistoletazo de salida a la prudencia: Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, publicó el sábado un ensayo en el que pide frenar el ritmo de innovación en los modelos de IA más potentes por los riesgos de seguridad que conllevan. Su propuesta no cayó en saco roto: otros grandes pesos pesados del sector, como el consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, Elon Musk (Tesla) o el presidente de Google DeepMind, se mostraron a favor.

A esa petición se sumó otro anuncio que ha removido los cimientos: Altman afirmó que OpenAI no saldrá a bolsa en 2026, alegando las crecientes preocupaciones sobre la seguridad de la IA. El impacto se ha extendido por todo el ecosistema. Las compañías de memoria Micron y SanDisk cedían un 5,7% y un 5,4%, respectivamente, mientras que los gigantes de los chips tampoco escapaban: AMD bajaba un 4,6%, Intel un 4,7% y Nvidia un 3% en el momento de escribir estas líneas.

El plan de Amodei tiene tres patas. La primera reclama que los laboratorios de IA punteros den acceso a evaluadores externos, con permisos equivalentes a los de un empleado, para revisar sus prácticas de seguridad y notificar incidentes. La segunda anima a las principales empresas de IA de los países democráticos a fijar estándares de seguridad comunes. La tercera apuesta por la coordinación entre gobiernos democráticos y autoritarios. El propio Amodei ha reconocido el punto débil de la idea: ¿qué ocurre si China decide no seguir el mismo camino?

La explicación de fondo está en el modelo de negocio de todas estas compañías. Los fabricantes de semiconductores, los llamados "neoclouds" como Nebius y CoreWeave o firmas como Super Micro, que vende servidores de IA, y Vertiv, centrada en refrigeración y energía para centros de datos, se han beneficiado enormemente del tirón de la IA. Si las grandes tecnológicas frenan su desarrollo, esos pedidos que hoy sostienen sus cuentas podrían empezar a enfriarse. A esto se suma un viento macroeconómico en contra: el petróleo sube por las tensiones persistentes en Oriente Medio y la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ha tocado el 5%, algo que no ocurría desde 2023. Cuando la deuda pública paga más, el dinero se siente más cómodo en renta fija y castiga especialmente a las compañías tecnológicas cuyo atractivo depende de beneficios futuros.

Los analistas, por su parte, no tienen una visión homogénea del sector. Según la herramienta de comparación de acciones de TipRanks, Wall Street otorga una calificación de compra fuerte a Vertiv y de compra moderada a CoreWeave y Nebius. En el caso de Super Micro, los expertos se muestran cautos por sus márgenes, los riesgos de ejecución y una competencia cada vez más intensa.

El análisis de Salseo

  • Ojo con el mecanismo: esto es un movimiento de expectativas, no de cuentas. Nadie ha publicado resultados peores ni ha perdido un contrato hoy; lo que se ha desinflado es la previsión de cuánto van a gastar las grandes tecnológicas en IA. Los neoclouds (Nebius, CoreWeave) ganan dinero alquilando capacidad de cómputo y compañías como Super Micro o Vertiv viven de vender el hierro y la refrigeración de esos centros de datos, así que si el grifo de pedidos se cierra, el golpe llega primero a la cartera de pedidos y solo después a los ingresos.
  • Hay una lectura incómoda bajo la propuesta: quien pide frenar es el propio sector, no un regulador. Cuando los grandes laboratorios piden estándares comunes de seguridad, en parte es responsabilidad y en parte es una barrera de entrada: las reglas las cumplen mejor quienes ya tienen recursos para auditarlas, y los recién llegados lo tienen más difícil. Es decir, la noticia es mala para el sector en conjunto, pero puede no serlo tanto para los que van por delante.
  • La frase que de verdad mueve la tesis es la que Amodei soltó fuera del ensayo: el problema es qué pasa si China no frena. Si EEUU y Europa ponen el freno y el rival no, el que pierde competitividad es el que cumple, y ahí es donde la presión política puede acabar rebajando las exigencias o, al contrario, disparando el gasto público para no quedarse atrás. Es una tensión abierta que no se resuelve en una semana.
  • La señal concreta que hay que vigilar no es el precio de hoy, sino el gasto de capital de las grandes tecnológicas (Microsoft, Amazon, Google, Meta) y las próximas cuentas de los propios proveedores de infraestructura. Si ese dinero sigue fluyendo, la caída de hoy habrá sido solo ruido. Añade el contexto del bono a 10 años en el 5%: con dinero más caro, el mercado tiene menos paciencia con las empresas cuyo valor depende de beneficios que llegarán en el futuro, y eso amplifica cualquier susto.
  • Matiz que el titular no cuenta: el castigo es muy desigual. Vertiv, por ejemplo, recibe de los analistas la mejor calificación del grupo, y Super Micro es el único con una postura claramente cauta por sus márgenes y la competencia. Es decir, el mercado está metiendo a todos en el mismo saco por un tema de sentimiento, cuando los riesgos de cada uno son bastante distintos.

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Fuente: TipRanks