T. Rowe Price: qué acciones de IA tienen un crecimiento que aguanta el tirón

El gestor Paul Greene avisa de que no todo lo que sube con la IA tiene una ventaja duradera y desconfía del software por suscripción, mientras mantiene a Nvidia y Alphabet como grandes apuestas de su fondo de blue chips.
No todas las acciones que se han subido al carro de la inteligencia artificial este año tienen un crecimiento que vaya a durar. Esa es la tesis que defiende Paul Greene, gestor de carteras de T. Rowe Price, que sostiene que el inversor no debe fijarse solo en el tamaño del negocio o en lo espectacular que parezca el momento, sino en cuánto tiempo puede mantenerse esa ventaja frente a los rivales. Su argumento de fondo es sencillo: cuando una empresa dispara precios porque hay escasez de producto, esa ventaja se suele deshacer antes o después.
Greene pone el ejemplo de los fabricantes de hardware que se beneficiaron de la falta de componentes para subir precios con fuerza. Según explica, las subidas agresivas basadas sobre todo en la escasez han demostrado históricamente ser menos defendibles, porque los precios altos atraen a nuevos competidores y empujan a los clientes a buscar alternativas o apaños para no pagar de más. Esa lente de la durabilidad es la que aplica a diario en el fondo que gestiona, el T. Rowe Price Blue Chip Growth ETF (TCHP), que selecciona compañías grandes y consolidadas con crecimiento y rentabilidad por encima de la media, apoyándose en análisis de abajo arriba y no en seguir la ola del momento.
El fondo tenía 2.100 millones de dólares en activos netos y cobra una comisión anual del 0,57%, según los datos de la gestora. Greene, que lleva 20 años en la casa, construye una cartera concentrada de entre 75 y 125 valores de gran capitalización, con al menos el 80% del patrimonio en compañías consolidadas con potencial de beneficios superior a la media, y busca batir a su índice de referencia sobre todo eligiendo bien los valores en un ciclo de tres a cinco años. En la práctica, eso se traduce en una cartera muy expuesta al negocio de la IA: Nvidia (NVDA) es su mayor posición, con un 17,4%, Alphabet (GOOGL) es la segunda sumando sus dos clases de acciones, con alrededor de un 11,4%, y después aparecen Microsoft, con un 5,8%, y Broadcom (AVGO), con un 5,7%.
Dentro de los semiconductores, Greene prefiere a las compañías líderes en fabricación avanzada y en capacidad de producción, a las que llama firmas "clave" porque ganan independientemente de qué arquitectura de chip acabe imponiéndose. En un molde parecido coloca a los grandes hiperescaladores, es decir, a los dueños de las nubes: Alphabet, Amazon, Meta Platforms (META), Microsoft y Oracle, cuyas divisiones de computación en la nube van incorporando flujos de trabajo de IA que deberían quedarse pegados a los clientes con el tiempo. El gasto conjunto de estos gigantes en infraestructura lleva subiendo cada año desde 2017 y las estimaciones recopiladas por T. Rowe Price con datos de FactSet apuntan a que seguirá creciendo hasta 2027, aunque el flujo de caja libre, lo que les queda en el bolsillo tras invertir, se espera que se encoja.
Donde Greene tiene menos fe es en el software tradicional. Los vendedores de suscripciones, explica, están bajo presión para pasarse a un modelo de cobro por uso a medida que se recrudece la competencia y se desgasta su poder para fijar precios, así que en ese rincón del mercado pide cautela y mucha selección. También cree que están exagerados los miedos a que los agentes de compra con IA se carguen el comercio electrónico: recuerda que Alphabet intentó competir durante décadas con las agencias de viajes online y acabó enviándoles tráfico en lugar de sustituirlas, porque las relaciones del mundo real y los pagos integrados son más difíciles de desbancar que el software puro. Fuera de la IA por completo, el gestor señala a las redes de pago globales y a los fabricantes aeroespaciales como sectores donde los beneficios pueden crecer durante años gracias a su poder de fijación de precios y al avance de los pagos digitales frente al efectivo.
El análisis de Salseo
- El criterio de "durabilidad" choca de frente con el motor del rally: si las subidas de precio del hardware vienen de la escasez y los clientes reaccionan buscando alternativas, la clave real es si el gasto de los hiperescaladores aguanta. Greene dice que sube hasta 2027, pero si ese capex se recorta, los primeros en notarlo son justo Nvidia y Broadcom, sus mayores apuestas.
- Hay una señal incómoda en el propio informe: el gasto conjunto de Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle seguiría subiendo mientras su flujo de caja libre se reduce. Cuando las empresas invierten más y generan menos caja, el mercado empieza a exigir retorno visible a la IA, y eso tensiona tanto a los que compran chips como a los que los fabrican.
- El fondo se vende como cartera diversificada de blue chips, pero Nvidia (17,4%) más Alphabet (11,4%) suman casi el 30% del patrimonio. Es decir, un producto que dice priorizar la durabilidad frente al momentum está, en la práctica, muy colgado del mismo trade de IA que matiza en su discurso: mucho riesgo de concentración si el sector se da la vuelta.
- La lectura que no cuenta el titular: Greene pone el foco de la cautela en el software por suscripción, precisamente donde el mercado ha buscado refugio, y propone redes de pago y aeroespacial como crecimiento real fuera de la IA. Ahí está la parte diferenciadora: son negocios con poder de precios y beneficiarios del paso del efectivo a lo digital, no dependientes de que el ciclo de la IA siga acelerando.