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Tom Watson, ex número dos laborista, ficha por Palantir como vicepresidente sénior

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Tom Watson, ex número dos laborista, ficha por Palantir como vicepresidente sénior

El que fuera mano derecha de Jeremy Corbyn y exministro laborista se incorpora a tiempo completo a Palantir, la empresa estadounidense de inteligencia artificial que libra en Reino Unido dos batallas por contratos públicos millonarios. El fichaje ejemplifica la puerta giratoria entre política y tecnológicas.

Palantir ha fichado a Tom Watson, par laborista y exnúmero dos del Partido Laborista británico, como vicepresidente sénior. Watson trabajará codo con codo con el consejero delegado de Palantir para Reino Unido y Europa, Louis Mosley, según ha confirmado la compañía. El político ha pedido una excedencia en la Cámara de los Lores y ha renunciado a su pase parlamentario mientras trabaje para la empresa en Londres. “Estoy tremendamente ilusionado”, ha dicho Watson, que ha puesto el foco en dos asuntos muy concretos: ayudar a Palantir a acelerar los diagnósticos, tratamientos y altas hospitalarias del NHS y permitir que “nuestra policía resuelva crímenes y desentierre la corrupción”. Alex Karp, consejero delegado de la compañía, ha justificado el fichaje asegurando que es “el último capítulo de la lucha de cuarenta años de Tom por unos mejores servicios públicos” y que están “afortunados” de contar con él.

La incorporación llega en un momento delicado para la empresa en Reino Unido. Palantir, que cotiza en bolsa y factura unos 427 millones de libras al año en el país, está intentando frenar las presiones para que se cancele su contrato de 330 millones de libras con el NHS, con el laborista Andy Burnham entre las voces críticas. Además, litiga en los tribunales contra el alcalde de Londres, Sadiq Khan, por el bloqueo de un contrato de 50 millones de libras para usar su inteligencia artificial en investigaciones de la Policía Metropolitana. Todo ello sin olvidar que ya tiene un contrato de 240 millones de libras con el Ministerio de Defensa. La compañía, cofundada por el multimillonario Peter Thiel y proveedora de software con inteligencia artificial al ejército israelí y a la operación de deportaciones ICE de la Casa Blanca, arrastra un desgaste público y político por su creciente presencia en los servicios públicos británicos.

Watson no es un recién llegado a la casa: desde 2024 ejercía como asesor a tiempo parcial de Palantir, e incluso acompañó a Mosley en congresos del Partido Laborista. Antes fue diputado hasta 2019 y, tras dejar el Parlamento, ha asesorado a la industria del juego y a la musical. En el Gobierno de Gordon Brown ocupó las carteras de Defensa y de compromiso digital. Su caso se suma a una lista ya larga de puertas giratorias entre la política británica y las grandes tecnológicas: el exviceprimer ministro Nick Clegg pasó casi siete años en Meta cobrando millones, el exprimer ministro Rishi Sunak fichó el año pasado por Anthropic y Microsoft, el excanciller George Osborne se fue a OpenAI y Matt Clifford, asesor de inteligencia artificial de Keir Starmer, se incorporó a Anthropic este mismo mes. “La puerta giratoria está siendo muy fructífera para las grandes tecnológicas”, ha criticado Tom Brake, responsable de la organización Unlock Democracy, que reclama una prohibición exigible de cinco años para que cargos públicos no pasen a la industria.

Para el inversor, la noticia no es un dato financiero sino una señal de cómo Palantir está gestionando uno de sus mercados clave. La compañía necesita defender sus contratos públicos británicos y, a la vez, ganar nuevos; y para eso ha fichado a alguien con agenda, contactos y credibilidad en el laborismo. El riesgo de fondo es reputacional: cuanta más presencia gane en servicios públicos del Reino Unido, más crecerá el escrutinio político y mediático sobre ella.

El análisis de Salseo

  • El fichaje es, sobre todo, una jugada de acceso político. Palantir gana en Reino Unido unos 427 millones de libras al año y tiene en juego contratos concretos (330 millones con el NHS, 50 millones con la Policía Metropolitana, 240 millones con Defensa). Watson no llega a vender software: llega a abrir puertas y a defender esos contratos en el debate público.
  • El coste oculto: contratar a exministros es legal, pero alimenta justo la narrativa que le hace daño. Cada caso como este refuerza la idea de puerta giratoria y da munición a quien pide prohibiciones de cinco años. Si el Gobierno británico endurece las reglas de conflicto de intereses —como ya ocurrió con el asesor Matt Clifford—, se complica el modelo de muchas tecnológicas estadounidenses que dependen de exaltos cargos para vender al Estado.
  • La tensión de fondo no se resuelve con un fichaje: Palantir quiere parecer una empresa integrada en el Reino Unido (empleo, formación, servicios públicos), pero su matriz es estadounidense, la cofundó Peter Thiel y trabaja para el ejército israelí y para ICE. Cuanto más negocio público gane, más grande será el objetivo político sobre ella.
  • Señales concretas que vigilar: el desenlace del litigio con Sadiq Khan por el uso de su IA en investigaciones policiales y si finalmente se renueva o se cancela el contrato del NHS. Para el accionista, el recordatorio es que una parte del crecimiento de Palantir en Europa depende de la buena voluntad política, un riesgo que no aparece en las cuentas pero sí puede mover el precio.

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Fuente: The Guardian