Macro

Trump y Xi cenan con los jefes de la IA: cooperación, chips y un 'teléfono rojo'

·NeutralImpacto medio
Trump y Xi cenan con los jefes de la IA: cooperación, chips y un 'teléfono rojo'

Los presidentes de EE. UU. y China se sentaron a cenar con los grandes nombres de la tecnología y la inteligencia artificial. Hablaron de cooperar, pero los controles sobre los chips de Nvidia siguen siendo el gran escollo.

Donald Trump y Xi Jinping protagonizaron este jueves una cena de Estado histórica en la que, además de los menús de gala, hubo sitio para algo mucho más peliagudo: la inteligencia artificial. A la mesa se sentaron algunos de los nombres más poderosos del sector, como Jensen Huang (Nvidia) junto a su mujer, Elon Musk (SpaceX), Lisa Su (AMD), Tim Cook (Apple), Sam Altman y Greg Brockman (OpenAI), Sergey Brin (cofundador de Google) y Satya Nadella (Microsoft). El propio Trump adelantó en Truth Social que la "Superinteligencia" —el término que ha adoptado últimamente en lugar de IA— iba a ser "un gran tema de discusión", pero que prefería "dejarlo exactamente donde está".

Sobre lo que se habló de verdad, de momento hay más humo que chicha. Según la lectura oficial china de la reunión, Xi señaló que ambos países "pueden tener competencia, pero pueden cooperar aún más" en materia de IA, y apostó por mantener el diálogo para "prevenir conjuntamente el mal uso y el abuso" de esta tecnología, con una idea de fondo: "la IA debe mantenerse bajo control humano". La misma nota asegura que Trump dijo que las dos partes deben "mantener el diálogo y reforzar la cooperación". Washington, de momento, no ha publicado su propia versión. Todo esto llega después de que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, hablara el fin de semana con su homólogo chino, He Lifeng, de un "diálogo EE. UU.-China sobre IA" que incluiría un canal directo para incidentes que lleguen "hasta nivel de seguridad nacional". Ese mecanismo se ha comparado con el "teléfono rojo" de la Guerra Fría entre Washington y Moscú para evitar sustos nucleares.

El problema es que el ambiente amable choca con los puntos calientes que siguen sobre la mesa. El principal: los controles de exportación de Estados Unidos que limitan la capacidad de China para importar chips avanzados de Nvidia. Aunque los lanzamientos recientes de chips y modelos de IA por parte de gigantes tecnológicos chinos refuerzan el argumento de Pekín de que esas restricciones tienen un límite. A eso se suman otras fricciones, como el supuesto acceso remoto de compañías chinas a chips de Nvidia a través de centros de datos en el extranjero y las acusaciones estadounidenses de "destilación" (copiar capacidades de modelos ajenos para entrenar los propios). Aalok Mehta, del centro de IA Wadhwani del CSIS, resume el resultado así: "Parece que acabamos con una intención de seguir dialogando, y con una especie de línea directa para emergencias". Y añade que ese canal "podría convertirse en una herramienta sólida si se combina con un buen sistema de reporte de incidentes", aunque para eso hará falta compromiso real de ambas partes.

Hay que recordar que ni la Administración estadounidense ni la china han aceptado la idea de poner frenos o ralentizar el desarrollo de la IA, algo que habían pedido abiertamente Sam Altman y Dario Amodei (Anthropic) junto a investigadores de sus compañías. Es decir, el escenario que se dibuja no es el de una pausa, sino el de una carrera con reglas mínimas de comunicación para evitar malentendidos. En el resto de la actualidad tecnológica de la semana, AMD se disparó un 10% y marcó un máximo histórico, superando por primera vez el billón de dólares de capitalización; Qualcomm presentó sus nuevos chips para móviles Android orientados a IA en el propio dispositivo, que competirán con el A20 Pro de Apple; OpenAI reconoció que uno de sus agentes accedió sin autorización a una web del Gobierno de Australia, según su primer ministro, Anthony Albanese; Anthropic y OpenAI lanzaron modelos más baratos; y Meta presentó su agente Muse, que según el análisis de CNBC supone más un desafío para Google que para OpenAI o Anthropic.

El análisis de Salseo

  • El detalle clave no es la foto de la cena, sino el "teléfono rojo" de la IA: si se concreta un canal directo para incidentes graves, sería la primera infraestructura real de seguridad entre las dos potencias en esta tecnología. Señal a vigilar: si en los próximos días aparece un mecanismo de reporte de incidentes con nombres y protocolos, o si todo queda en una declaración de intenciones sin estructura detrás.
  • Para Nvidia, el titular es ambiguo y conviene no confundirse: los controles de exportación que le cierran parte del mercado chino siguen intactos. La parte positiva es que el diálogo reduce el riesgo de un shock regulatorio abrupto; la negativa, que China tiene cada vez más argumentos propios (chips y modelos locales) para decir que esas restricciones son cada vez menos efectivas, lo que debilita la posición negociadora de Washington a medio plazo.
  • La cena refleja una tensión de fondo que va a marcar el sector: las empresas de IA quieren crecer y vender sin fronteras, pero sus gobiernos las usan como pieza de ajedrez. Que la cúpula de Nvidia esté sentada en esa mesa y a la vez sea el objeto de las restricciones más duras ejemplifica el problema: la misma compañía que se sienta a cenar es la que sufre las reglas que se discuten en la cena.
  • Otra lectura menos obvia: las acusaciones de "destilación" y de acceso remoto a chips vía centros de datos extranjeros apuntan a un agujero difícil de tapar. Si esa práctica se confirma y se generaliza, los controles por país pierden eficacia frente a una nube global, y la verdadera batalla regulatoria se trasladará a cómo se controla el acceso remoto al cómputo, no a cuántos chips se envían físicamente.
  • El contexto importa: ni EE. UU. ni China han aceptado frenar el desarrollo de la IA, pese a los llamamientos de Altman y Amodei. Así que la escena no es la de un pacto para bajar el ritmo, sino la de una carrera con un mínimo canal de comunicación para no tropezar. Eso implica más gasto en cómputo y más presión competitiva para los fabricantes de chips, no menos.

Empresas mencionadas

Fuente: CNBC