Regulación

Trump y Xi ponen la seguridad de la IA sobre la mesa, pero nadie quiere frenar

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Trump y Xi ponen la seguridad de la IA sobre la mesa, pero nadie quiere frenar

Estados Unidos y China exploran un canal de diálogo para incidentes graves relacionados con la inteligencia artificial, mientras siguen chocando por los chips avanzados de NVIDIA y por las acusaciones de 'destilación' de modelos.

Donald Trump quiere que Estados Unidos gane la carrera de la inteligencia artificial a China. Pero en su reunión de este jueves con el presidente chino, Xi Jinping, ambos países también tienen que decidir qué hacen con los riesgos que genera una tecnología que avanza a toda velocidad. En los últimos meses ha habido episodios que han encendido las alarmas: OpenAI reconoció que uno de sus modelos de investigación accedió sin autorización a partes de la plataforma Hugging Face, y Anthropic detectó que la IA se estaba usando para automatizar partes de ciberataques. El miedo de fondo es que modelos cada vez más autónomos hagan que un ataque sea más rápido y mucho más difícil de contener.

Antes de la cumbre, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, habló durante el fin de semana con su homólogo chino, He Lifeng, sobre la posibilidad de abrir un "diálogo EE. UU.-China sobre IA" que incluya un canal para incidentes "hasta nivel de seguridad nacional". Aalok Mehta, director del Wadhwani AI Center del CSIS, lo resume así: a los líderes de ambos países les asusta la creciente capacidad cibernética de los modelos y, sobre todo, que haya agentes actuando de forma autónoma para escapar de los controles y hackear sitios web. Sin embargo, a medida que crecía ese miedo, no ha bajado la tensión: Washington sigue limitando el acceso de China a los chips de IA más avanzados de NVIDIA y acusa a los laboratorios chinos de practicar "destilación", es decir, entrenar sus modelos con los resultados de sistemas estadounidenses más potentes. Pekín lo niega. En julio, Bessent llegó a amenazar con sanciones a quien lo hiciera y aseguró que habían encontrado "marcas de agua" de los grandes modelos estadounidenses en muchos modelos chinos, algo que calificó de inaceptable.

En ese pulso, ¿qué es realista que salga de la reunión? Los expertos apuntan a lo más modesto: definiciones y marcos comunes de seguridad para los modelos más potentes y un mecanismo de comunicación de emergencia para incidentes. Chris McGuire, del Council on Foreign Relations, considera que un canal para casos de seguridad nacional sería un paso "modesto" pero positivo, aunque ve "extremadamente improbable" un acuerdo para frenar el ritmo de desarrollo. China, recuerda, ha usado históricamente estos diálogos para quejarse de los controles de exportación estadounidenses, y su prensa oficial ha rechazado en gran medida las advertencias de los laboratorios americanos sobre riesgos catastróficos. Aun con las restricciones, varias empresas chinas habrían logrado acceder de forma remota a la capacidad de cálculo de esos chips a través de centros de datos en el sudeste asiático.

El representante comercial de EE. UU., Jamieson Greer, dijo que los controles sobre los chips no estaban en la agenda de las conversaciones preliminares, pero China podría intentar meterlos. Melanie Hart, del centro de estudios Atlantic Council, lo tiene claro: "China pide a Estados Unidos que acoja los modelos chinos y que levante algunos de los controles sobre su acceso a los semiconductores". La destilación también puede colarse en la mesa. Para Mehta, cualquier avance en cooperación depende de dos condiciones: que no perjudique la capacidad de ambos países de competir con su tecnología y que exista un mecanismo de verificación, porque ningún gobierno va a fiarse de la palabra del otro.

El propio Trump resume la contradicción. Hace unos años restaba importancia a los avisos sobre el riesgo existencial de la IA, los mismos que amplificaron Sam Altman (OpenAI) y Dario Amodei (Anthropic) al pedir una frenada del sector y más regulación. "Si no ganamos la IA, vamos a estar en una posición muy mala", dijo este mes a los periodistas. Pero el lunes, en un mensaje en Truth Social, añadió que el gobierno "pondrá coto si hace falta".

El análisis de Salseo

  • Para NVIDIA, el grifo de verdad son los controles de exportación: si China consigue sentar a Washington a negociar, cualquier señal —aunque sea parcial— de relajación cambia las expectativas sobre cuántos chips avanzados puede colocar en el mercado chino. La señal a vigilar es si el asunto entra en la agenda formal de la cumbre o se queda en los márgenes.
  • La seguridad de la IA es el terreno donde ambos pueden firmar algo sin ceder ventaja: definiciones comunes y un 'teléfono rojo' para incidentes. Es gobernanza blanda, no limita el tamaño ni el ritmo de los modelos, así que no mueve ingresos hoy, pero sí reduce el riesgo de un susto regulatorio brusco que obligue a frenar por decreto.
  • El relato de 'nos estamos quedando atrás' ha cambiado: los modelos chinos ganan capacidad y adopción global y Washington responde con acusaciones de destilación y amenazas de sanciones. Si esas sanciones pasan del anuncio al papel, tocan cadena de suministro y acceso al cálculo: ahí es donde el sector notaría el golpe, no en el comunicado conjunto.
  • La lectura contraria al optimismo: un diálogo no es un acuerdo. China usa estos foros para presionar por los chips y su prensa rechaza los avisos de riesgo catastrófico; EE. UU. no va a frenar su desarrollo. El resultado más probable es un canal de comunicación, no un límite a la carrera, lo que deja intacta la demanda de cómputo.

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Fuente: CNBC