Tulloch, investigador estrella de la IA, deja Meta y ficha por Anthropic

Andrew Tulloch, uno de los investigadores de inteligencia artificial más cotizados del mundo, abandona Meta menos de un año después de llegar y se incorpora a Anthropic para trabajar en el rendimiento de sus modelos.
Meta pierde a uno de los fichajes más sonados de los últimos años. Andrew Tulloch, investigador de referencia en inteligencia artificial, abandona la compañía de Mark Zuckerberg menos de un año después de aterrizar en ella y se marcha a Anthropic, según ha confirmado un portavoz de esta última a Business Insider. Empezará a trabajar la próxima semana en el equipo de inferencia y rendimiento, donde se encargará de afinar cómo se entrenan los modelos de la empresa y cómo responden después a los usuarios. Semafor fue el primer medio en avanzar su salida.
El currículum de Tulloch explica por qué se ha convertido en una pieza tan disputada. Estuvo once años en Meta antes de marcharse a OpenAI en 2023, donde participó en el entrenamiento de los modelos GPT-4o, GPT-4.5 y o3. Después cofundó en 2025 la startup Thinking Machines Lab. El año pasado, según publicó The Wall Street Journal, rechazó una oferta de Zuckerberg que podría haber alcanzado los 1.500 millones de dólares; finalmente acabó fichando por Meta en octubre. Ahora lleva toda esa experiencia a la empresa rival.
Detrás del movimiento está la guerra abierta por el talento en la que llevan inmersas Meta, Anthropic, OpenAI, Google y el resto de grandes tecnológicas desde la irrupción de ChatGPT. Esa competencia ha dado a los investigadores con experiencia un poder de negociación enorme, y también una capacidad de ganar dinero difícil de igualar en cualquier otro sector. La marcha de Tulloch llega poco después de que Meta presentara Muse, un agente de inteligencia artificial pensado para completar tareas de forma autónoma en nombre del usuario.
Para Anthropic, el fichaje supone un momento de calma en medio de una etapa intensa. La compañía se prepara para su salida a bolsa, pelea con sus rivales por hacerse con clientes y lidia con las crecientes dudas sobre los efectos negativos de la inteligencia artificial. Precisamente esta semana, el investigador Jacob Coxon encendió las alarmas al anunciar su dimisión de Anthropic y escribir que quienes construyen la IA creen de verdad que esta podría acabar con todos nosotros antes de que termine la década. Ni Tulloch ni Meta quisieron hacer comentarios de inmediato.
El análisis de Salseo
- Para Meta, la fuga no se mide en dinero: se mide en señal. La compañía ha gastado una fortuna en reclutar cerebros de primer nivel y este caso demuestra que el talón de 1.500 millones no basta para retener a todo el mundo. La métrica a vigilar es sencilla: cuántos de los grandes nombres captados en esa ofensiva siguen dentro dentro de un año.
- Aquí conviene traducir la jerga: el 'entrenamiento' es la fase en la que el modelo aprende, e 'inferencia' es cuando ya entrenado responde a millones de usuarios. Optimizar esa segunda parte es abaratar el coste de cada consulta, y ahí se decide si un servicio de IA puede ser rentable cuando lo usa mucha gente. Anthropic refuerza justo el punto donde la factura se dispara con el uso.
- Anthropic no cotiza en bolsa y está preparando su salida. En ese contexto, fichar a un nombre de este calibre funciona como argumento ante los inversores que van a valorar la empresa: no compra solo tecnología, compra credibilidad. La señal a seguir es cómo evoluciona la plantilla de investigación antes del estreno bursátil, porque una fuga de perfiles clave justo entonces sería mucho más cara que la de un empleado cualquiera.
- La cara B del anuncio: en la misma semana, otro investigador dimitía de Anthropic advirtiendo de que quienes construyen estos sistemas creen que podrían matarnos antes de 2030. El relato del talento como reclamo para inversores choca con esa inquietud interna. Si las salidas por motivos éticos se multiplican, la empresa tendrá un problema de retención y de reputación que ningún fichaje compensa.