Uber lanza su primer robotaxi en Tokio con Hinomaru Kotsu

Uber ha firmado un acuerdo con la operadora de taxis Hinomaru Kotsu para gestionar su flota de vehículos autónomos en Tokio, cuyo piloto arrancará a finales de 2026. Los usuarios podrán pedir estos robotaxis a través de la app de Uber, con conductores de seguridad a bordo en una primera fase.
Uber ha dado un paso clave para llevar los robotaxis a Japón. La compañía ha anunciado que su filial Uber Japan ha firmado un acuerdo operativo con la operadora de taxis Hinomaru Kotsu para gestionar el día a día de la flota de vehículos autónomos que desplegará en Tokio a finales de 2026. Hinomaru Kotsu se encargará de las operaciones en las bases, la limpieza, el mantenimiento, las inspecciones, la recarga y la disponibilidad de los vehículos, mientras que Uber pondrá estos viajes a disposición de sus clientes a través de su aplicación de transporte.
Este proyecto se apoya en el memorando de entendimiento firmado el 12 de marzo por Uber Technologies, Wayve y Nissan Motor para una colaboración en robotaxis en Japón. La flota inicial estará compuesta por Nissan Leaf equipados con la tecnología de conducción autónoma 'AI Driver' de Wayve, una empresa británica especializada en software de conducción autónoma. El objetivo es que los pasajeros puedan experimentar el servicio de robotaxi como una opción de transporte cotidiana, no como una mera demostración tecnológica.
La legislación japonesa es estricta: solo las empresas de taxis autorizadas pueden operar servicios de transporte de pasajeros. Por eso, el acuerdo está diseñado para cumplir con las leyes y licencias locales. Uber aportará su plataforma de emparejamiento y herramientas de soporte operativo, mientras que Hinomaru Kotsu actuará como operador autorizado y responsable de la gestión de la flota. Esta estructura permite a Uber sortear las restricciones regulatorias sin tener que convertirse en una compañía de taxis tradicional.
En la fase inicial del piloto, conductores experimentados de Hinomaru Kotsu viajarán a bordo como operadores de seguridad, vigilando la conducción para garantizar un funcionamiento fiable. Esta introducción gradual es un requisito habitual en los despliegues de vehículos autónomos, y solo después, y siempre que los reguladores lo aprueben, se pasará a una operación completamente sin conductor. Es un enfoque prudente que permite acumular datos y confianza antes de eliminar la supervisión humana.
Este movimiento sitúa a Uber en una posición competitiva en el mercado japonés de la movilidad autónoma, donde otras empresas como Waymo o Didi también están explorando oportunidades. Para Uber, Japón es un mercado estratégico por su densidad urbana y su cultura de transporte público, aunque la regulación es un desafío. La alianza con un operador local como Hinomaru Kotsu es una jugada inteligente para acelerar la entrada sin fricciones regulatorias.
El análisis de Salseo
- La clave aquí no es la tecnología, sino el modelo de negocio: Uber no quiere ser dueña de los coches ni de la operación, sino la plataforma que conecta la oferta con la demanda. Al delegar la gestión de flota en Hinomaru Kotsu, evita los costes de mantenimiento y los líos regulatorios, y se queda con la parte más escalable: la app y los datos.
- El hecho de que los conductores de seguridad estén a bordo en la primera fase es una señal de que Japón no va a permitir una conducción 100% autónoma de golpe. Esto significa que el piloto servirá sobre todo para validar la tecnología y ganar la confianza de los reguladores, algo que puede alargar el tiempo hasta que el servicio sea rentable sin conductor.
- La alianza con Wayve y Nissan es interesante porque combina un software de conducción autónoma de una startup británica con un coche eléctrico japonés. Si el piloto funciona, podría abrir la puerta a que Uber replique este modelo en otras ciudades japonesas, pero también podría generar tensiones con otros fabricantes que desarrollan su propia tecnología autónoma, como Tesla o Waymo.
- La lectura contraria: aunque la noticia suena bien, el impacto financiero a corto plazo es mínimo. El piloto no arranca hasta finales de 2026 y solo cubrirá una parte de Tokio, así que no esperes que esto mueva la aguja en los ingresos de Uber pronto. Es más una apuesta estratégica a largo plazo que un catalizador inmediato para el precio de la acción.