Uber teje su imperio autónomo: más de 30 alianzas para dominar el futuro sin conductor

Uber ha pasado de quemarse con su propio coche autónomo a tejer una red global con más de 30 empresas. Te contamos quiénes son y qué significa esta estrategia de 'pareja de baile' para el inversor.
Uber quiere ser el rey del transporte sin conductor, pero ha aprendido que no necesita fabricar la corona. Tras el fiasco de su propia división de vehículos autónomos (ATG), vendida en 2020, la compañía ha pasado de inventor a 'casamentero'. En los últimos dos años, ha cerrado acuerdos con más de 30 empresas de todo el mundo para que sus robots y coches sin conductor se pidan desde la app de Uber.
La historia es conocida: Uber creó ATG en 2014, compró Otto y empezó a probar coches autónomos en la calle. Pero una demanda de Waymo, la salida de su fundador y un accidente mortal en 2018 frenaron en seco sus ambiciones. Con Dara Khosrowshahi al mando, Uber se deshizo de sus proyectos lunares y se centró en lo que sabía hacer: mover gente y paquetes con conductores humanos.
El giro llegó en 2022. Uber empezó a firmar acuerdos con empresas de conducción autónoma, y en 2024 la cosa se aceleró. La estrategia es clara: en lugar de gastar miles de millones en desarrollar su propia tecnología, Uber ofrece su plataforma como escaparate. Así, compañías como Waymo, Aurora o Avride ponen los coches, y Uber pone los clientes y la logística de flota a través de socios como Avomo.
La lista de aliados es larga y variada. Incluye desde gigantes chinos como Baidu, con sus Apollo Go, hasta startups israelíes como Autobrains, que planea lanzar robotaxis en Múnich. También hay acuerdos con empresas de reparto autónomo como Cartken o Serve Robotics, y con fabricantes como Hyundai, cuyos IONIQ 5 equipan los robotaxis de Avride. Uber no solo se limita a integrar estos servicios en su app: en algunos casos, como Avride o Avomo, ha tomado participaciones accionariales.
El enfoque es global y pragmático. Uber no apuesta por una sola tecnología, sino que diversifica entre mercados y soluciones (camiones, coches, robots de acera). Además, se apoya en socios de flota como Avomo para gestionar el día a día de los vehículos: limpieza, mantenimiento, recarga. Esto le permite escalar rápido sin comerse los costes operativos. El inversor debe entender que Uber ya no es una empresa de coches autónomos, sino el 'marketplace' donde se encuentran la oferta y la demanda de movilidad autónoma.
El análisis de Salseo
- Uber se convierte en el 'Android' del transporte autónomo: una plataforma abierta que integra múltiples tecnologías en lugar de apostar por una sola. Esto reduce el riesgo tecnológico y le permite adaptarse a distintos mercados y regulaciones.
- La clave está en la propiedad de la relación con el cliente. Al ser la app donde se piden los viajes, Uber captura los datos y la comisión, mientras el coste del hardware y el desarrollo recae en sus socios. Es un modelo de negocio más ligero y escalable que el de un fabricante de coches autónomos.
- El riesgo regulatorio y de seguridad sigue siendo alto, como muestra la investigación abierta a Avride por accidentes. Un incidente grave con un socio podría salpicar la reputación de Uber y frenar la adopción. El inversor debe vigilar la evolución de las normativas locales y los informes de seguridad.
- La estrategia global de Uber con socios como Baidu en Asia o Autobrains en Europa muestra ambición, pero también dependencia de terceros. Si un socio clave falla o es vetado por razones geopolíticas, el plan de Uber en esa región podría descarrilarse.