Los tiempos de espera de Uber suben un 19% y el precio por milla un 53%, según un estudio

Un análisis académico con datos de 37.500 viajes en seis ciudades de EEUU concluye que Uber tarda más en recoger a sus pasajeros y les cobra bastante más por kilómetro. La compañía rechaza las conclusiones y habla de "imprecisiones".
Un nuevo estudio asegura que los usuarios de Uber esperan más y pagan más que hace unos años. La investigación, firmada por Len Sherman —profesor adjunto y ejecutivo residente en la Columbia Business School—, analizó 37.500 viajes completados por conductores en seis ciudades estadounidenses usando datos de GigU, una aplicación que muestra a los conductores cuánto van a ganar por minuto y por milla antes de aceptar un trayecto. El resultado: el tiempo que pasa desde que Uber asigna un coche a un pasajero hasta que el vehículo llega creció un 19% entre el primer trimestre de 2023 y el mismo periodo de 2026, mientras que el precio por milla que cobra la plataforma subió de media un 53%. Los tiempos de espera empeoraron en cinco de las seis ciudades analizadas, entre ellas Atlanta, Dallas y Houston; solo en Tampa (Florida) bajaron ligeramente.
El dato importa porque toca justo el punto que explica la historia reciente de Uber: la empresa pasó de ser una 'startup' que quemaba dinero para captar usuarios a ser rentable apoyándose en los precios por adelantado, una estrategia que según Sherman se sostiene cobrando más al pasajero y pagando menos al conductor. "Estás cobrando más por menos, por degradar el servicio", resume el académico, que ya publicó antes otros informes en los que sostenía que Uber había elevado el porcentaje de cada tarifa que se queda la compañía (su 'take rate') y que sus cargos de seguro y operativos variaban mucho entre viajes aparentemente idénticos.
Uber rechaza de plano esta lectura. Un portavoz de la compañía afirma que el análisis "se apoya en una serie de imprecisiones que ya hemos refutado públicamente", aunque no quiso comentar en concreto los hallazgos sobre espera y coste por milla, y remitió a un artículo publicado por la empresa en enero en el que calificaba de "falso" que la única razón por la que Uber logró ser rentable fuera subir precios mientras se quedaba una porción cada vez mayor de la tarifa. El propio estudio reconoce una limitación: solo mide el tiempo desde la asignación del conductor, no los minutos que el pasajero pasa esperando a que Uber le empareje con alguien, un proceso que puede alargar aún más la espera real. "Por definición, se queda corto", admite Sherman.
A todo esto se suma el desgaste reputacional. El informe cita el Axios Harris Poll 100 de 2026, el ranking que mide la reputación de las grandes empresas, donde Uber aparece en el puesto 72, por debajo del 58 que ocupaba en 2025, con caídas en métricas como confianza, carácter y ética. Sherman sostiene que la compañía se juega su relación con los clientes y señala un factor que puede acelerar el problema: la llegada de agentes de inteligencia artificial capaces de comparar precios de forma automática, lo que facilita pasarse a Lyft o a alternativas locales. El estudio no incluye cifras de ingresos ni de márgenes, así que sus conclusiones son de experiencia de usuario y reputación, no contables.
El análisis de Salseo
- El mecanismo de fondo: la espera más larga no es solo una molestia, es un síntoma de que hay menos coches disponibles en el momento y el lugar donde se piden. Si Uber tarda más y a la vez cobra más, el cliente no está pagando por mejor servicio, sino por la misma o peor experiencia, y eso es exactamente lo que erosiona la fidelidad de una app que se usa por costumbre y comodidad.
- Ojo con la letra pequeña del estudio: se basa en datos que ven los conductores, no en la experiencia real del pasajero, y deja fuera el tiempo de emparejamiento. Es decir, el 19% es probablemente una cifra conservadora, pero también es un sesgo que Uber puede usar para desacreditar el informe. La empresa no ha rebatido las cifras una a una, solo ha remitido a un comunicado general de enero: esa falta de contraargumento concreto es más reveladora que el propio titular.
- Lo verdaderamente vigilable no es la espera, sino el uso. Un estudio no mueve la cotización, pero si en los próximos resultados se ve que los usuarios piden menos viajes por persona o que el crecimiento de reservas se frena, significará que el deterioro del servicio ya está pasando factura. Ahí sí habría tesis rota.
- La lectura contraria: Sherman es un crítico recurrente de Uber y la muestra son 37.500 viajes en seis ciudades, lejos de representar a toda la compañía. Parte del alza del precio por milla puede venir de más demanda, más congestión o cambios en el tipo de trayecto, no solo de una estrategia de exprimir al usuario. Sin datos de márgenes, es pronto para traducir esto en euros.
- El contrapunto estratégico: los agentes de IA que comparan precios entre Uber, Lyft y alternativas locales quitan valor a la marca como barrera de entrada. Si la app deja de ser la opción por defecto y pasa a ser una opción más en una lista, la presión para recortar comisión o acelerar el coche autónomo como vía para bajar el coste por viaje será mucho mayor.