Alianzas

USA Rare Earth, Pasqal y Riven se alían para separar tierras raras con cuántica

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USA Rare Earth, Pasqal y Riven se alían para separar tierras raras con cuántica

Las tres compañías firman un acuerdo estratégico para buscar, con aprendizaje automático y computación cuántica, moléculas capaces de separar tierras raras de forma más barata y con menos energía.

Tres nombres muy distintos —una compañía de tierras raras, un fabricante de ordenadores cuánticos y un laboratorio de separación de minerales— se han sentado a la misma mesa. USA Rare Earth (USAR), Pasqal (PSQL) y Riven Systems han anunciado una alianza estratégica para desarrollar tecnología de separación de nueva generación dentro de la cadena de valor de las tierras raras, esas materias primas que acaban en los imanes de un coche eléctrico, en un aerogenerador o en el motor de un dron.

El problema que quieren resolver no es pequeño. Sacar tierra rara de la roca es relativamente sencillo; lo complicado y caro es separar cada elemento del resto, porque se parecen muchísimo entre sí. Los procesos actuales consumen mucha energía, usan reactivos agresivos y obligan a levantar plantas enormes. La idea del proyecto es encontrar moléculas «extractantes» nuevas —las que se agarran a cada tierra rara y permiten aislarla— que funcionen mejor que las que existen hoy. Si lo logran, las instalaciones podrían ser más pequeñas, más baratas y gastar menos energía.

¿Y dónde entra lo cuántico? En la búsqueda. Dar con la molécula adecuada entre miles de combinaciones posibles es un ejercicio gigantesco de prueba y error. Cada socio aporta una pieza: Riven pondría a funcionar su laboratorio automatizado de separación de minerales para lanzar miles de experimentos sin intervención humana y generar los datos de entrenamiento; con ellos se construirían modelos de aprendizaje automático capaces de predecir qué extractante es más selectivo para cada elemento. Después entraría Pasqal con su ordenador cuántico de átomos neutros (QPU) para comparar los modelos de aprendizaje automático cuántico con los modelos basados en computación clásica y ayudar a USA Rare Earth a elegir el mejor extractante para su proceso.

El objetivo declarado es lograr una cadena de suministro occidental de tierras raras «más segura, eficiente y competitiva». Conviene ponerlo en contexto: de momento no hay cifras, importes ni plazos concretos, y el comunicado habla de un proyecto «planeado» y de explorar tecnologías, así que estamos ante una alianza de investigación y desarrollo, no ante un contrato con ingresos inmediatos. La parte interesante para el inversor es el papel de Pasqal: la computación cuántica lleva años buscando casos de uso reales donde demuestre ventaja frente a los ordenadores convencionales, y la química de materiales es uno de los candidatos más serios. Lo que habrá que vigilar es si el proyecto pasa de la fase de exploración a publicar resultados, es decir, si el modelo cuántico bate de verdad al clásico. Y dependerá, además, de que las otras dos patas avancen: Riven generando datos y USA Rare Earth aportando su experiencia de procesamiento y su instalación de Blacksburg (Carolina del Sur).

El análisis de Salseo

  • Aquí la palabra «cuántico» no es decoración: elegir qué molécula separa mejor una tierra rara es un problema de combinatoria enorme, justo el tipo de tarea donde un ordenador cuántico aspira a batir al clásico. Si Pasqal lo demuestra con datos reales de laboratorio, se lleva algo escaso en el sector: un caso de uso industrial medible, no un experimento de laboratorio.
  • El cuello de botella del negocio de las tierras raras no está en la mina, está en el refinado: la separación es la parte cara, intensiva en energía y la que decide si una planta es viable o no. Un extractante mejor no mejora un porcentaje, cambia la economía de toda la instalación (menos tamaño, menos coste, menos consumo).
  • La señal concreta a vigilar es el benchmark entre el modelo cuántico y el clásico. Si el cuántico no supera al clásico, la alianza se queda en marketing; si lo supera, Pasqal gana un argumento comercial difícil de rebatir ante futuros clientes industriales.
  • Ojo con el calendario: no hay importes, plazos ni compromisos firmes, y el proyecto depende de que las otras dos patas avancen —Riven generando datos y USA Rare Earth aportando su experiencia de procesamiento—. Es una apuesta de I+D a varios años vista, no un ingreso a la vuelta de la esquina.

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Fuente: TheFly