Waymo crece más rápido que nunca, pero sus 'casos extremos' también se multiplican

La expansión de los robotaxis de Waymo por Estados Unidos está sacando a la luz situaciones imprevistas que ponen a prueba su tecnología sin conductor.
Waymo, la empresa de coches autónomos de Alphabet, está pisando el acelerador. Ya está presente en 15 ciudades de Estados Unidos y la cifra sigue subiendo. Cada vez más usuarios pueden pedir un robotaxi sin conductor desde su móvil, como si fuera un Uber cualquiera, pero sin la incómoda charla sobre el tiempo. Sin embargo, este crecimiento tan rápido tiene un precio: los llamados 'edge cases' o casos extremos, esas situaciones raras que ningún ingeniero había previsto y que los vehículos no saben manejar.
Estos casos extremos son el verdadero quebradero de cabeza de la conducción autónoma. No hablamos de un semáforo en ámbar o un peatón cruzando mal, que eso ya lo tienen más que controlado. Hablamos de cosas como un pavo real suelto en una rotonda, una grúa que carga un coche justo en el carril del robotaxi, o una obra con conos mal puestos y un operario haciendo señales contradictorias. Situaciones que un humano resuelve con sentido común, pero que para una máquina son un auténtico galimatías.
El problema es que, a medida que Waymo se despliega en más ciudades, la diversidad de escenarios se dispara. No es lo mismo conducir por las ordenadas calles de Phoenix que por el caos de San Francisco o las rotondas de Austin. Cada nueva ciudad es un mundo, y cada mundo tiene sus propias rarezas. La empresa reconoce que sus vehículos se encuentran con situaciones nuevas constantemente, y aunque tienen un equipo humano listo para intervenir en remoto, el objetivo es que el coche sepa salir del apuro solo.
Para los inversores de Alphabet, esto es un arma de doble filo. Por un lado, la expansión demuestra que la tecnología es viable y que hay mercado. Waymo ya ha completado millones de viajes sin conductor, y las cifras de seguridad son mejores que las de muchos conductores humanos. Pero por otro lado, cada incidente con un caso extremo puede generar mala prensa, desconfianza y, en el peor de los casos, un accidente que tire por tierra años de trabajo. La clave estará en cómo de rápido consigue Waymo enseñar a sus coches a improvisar.
La compañía no se queda de brazos cruzados. Utiliza el aprendizaje automático para que cada coche comparta lo que ha visto con el resto de la flota. Si un robotaxi en Los Ángeles aprende a esquivar un colchón tirado en la autopista, todos los demás lo sabrán al instante. Aun así, el mundo real es infinitamente creativo a la hora de generar caos, y la carrera por cubrir todos los casos extremos es una batalla continua que definirá el futuro de la movilidad autónoma.
El análisis de Salseo
- El verdadero desafío de Waymo ya no es técnico, sino de escala: cada nueva ciudad multiplica los casos raros que los coches no han visto nunca, y resolverlos rápido es lo que separa un piloto exitoso de un negocio rentable.
- La seguridad es el talón de Aquiles mediático: un solo accidente grave por un caso extremo mal gestionado podría frenar en seco la expansión y disparar el escrutinio regulatorio, incluso si las estadísticas generales son buenas.
- La ventaja competitiva de Waymo está en los datos: cuantos más kilómetros recorran sus coches, más casos extremos recopilan y más rápido aprende toda la flota. Es un círculo virtuoso difícil de copiar para rivales con menos despliegue real.
- Para Alphabet, Waymo sigue siendo una apuesta a largo plazo con un coste elevado. La noticia no cambia la tesis de inversión a corto plazo, pero sí subraya que el camino hacia la rentabilidad masiva está lleno de baches imprevisibles.