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Waymo ya muerde el 15% del negocio del taxi en San Francisco y Los Ángeles

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Waymo ya muerde el 15% del negocio del taxi en San Francisco y Los Ángeles

Los robotaxis de Alphabet capturan una parte creciente del gasto en viajes en sus zonas de operación, pero el impacto sobre los conductores humanos se nota más en menos horas trabajadas que en despidos masivos.

Los coches sin conductor de Waymo, la filial de Alphabet, ya se han hecho con una porción considerable del mercado del transporte con conductor en las ciudades donde llevan más tiempo operando. Según datos de la firma de investigación Yipit, en junio Waymo acaparó aproximadamente el 15% del gasto bruto en viajes dentro de su zona de operación en San Francisco y Los Ángeles, y el 16% en Phoenix. Son cifras que, aunque no representan el número de viajes, sí muestran que uno de cada siete dólares que se gastan en trayectos de Uber o Lyft en esas áreas ya va a parar a un robotaxi.

El dato no es nuevo: en enero, la cuota de Waymo en esas mismas ciudades era del 16%, 17% y 19%, respectivamente. La ligera caída se explica, según Yipit, porque la empresa ha ido ampliando su zona de servicio a barrios donde todavía es menos conocida. De hecho, en mayo Waymo anunció que ampliaría su área de operación en el Área de la Bahía en unos 155 kilómetros cuadrados. Aun así, la cuota se mantiene en la franja media de los porcentajes de dos dígitos en los tres mercados, lo que confirma que la adopción es sostenida.

¿Y qué pasa con los conductores humanos? Aquí es donde la cosa se vuelve más difusa. Gad Allon, profesor de Wharton que estudia la economía de los trabajos bajo demanda, explica que un 15% de cuota es un "shock serio" para el mercado laboral, pero que no se verá como una oleada de despidos. Como la oferta de conductores es flexible, los primeros efectos aparecen en la utilización (el porcentaje del tiempo que un conductor está conectado y realmente cobrando un viaje), en esperas más largas entre carreras, en menos viajes por hora y en más desplazamientos sin pasajero. Es decir, los conductores ganan menos, pero no porque los echen, sino porque hay menos trabajo para repartir.

Ya hay señales de ese ajuste silencioso. Datos de Gridwise, una plataforma de datos para conductores de rideshare, mostraron que el año pasado los ingresos por hora de los conductores cayeron en Austin, Los Ángeles, Phoenix y San Francisco, justo las zonas donde opera Waymo, mientras que la mediana nacional subió un 1%. Los investigadores advirtieron que esos datos no prueban que los robotaxis sean la causa, pero la coincidencia geográfica es llamativa. El CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, reconoció en junio que su empresa está contratando menos conductores en algunas ciudades donde operan vehículos autónomos, aunque también dijo que más conductores se registran de forma orgánica porque la demanda total de viajes crece.

El problema de fondo es que medir el desplazamiento laboral en la economía gig es casi imposible. Katie Wells, investigadora del AI Now Institute, señala que faltan datos clave como la utilización y los tiempos de espera para poder aislar el efecto de los robotaxis. Además, como los conductores son contratistas independientes y no empleados, su salida del mercado no aparece en las estadísticas de empleo. Wells ha documentado cómo la mera expectativa de la automatización ya desincentiva a los conductores a luchar por mejores condiciones: "Nos decían: 'Bueno, los coches autónomos ya vienen, así que no me necesitarán más. Esto es temporal'". Una profecía que, a juzgar por los datos, empieza a cumplirse en silencio.

El análisis de Salseo

  • El 15% de cuota en gasto no es solo un número: es un punto de inflexión. A partir de ese nivel, los conductores empiezan a notar menos viajes por hora y más tiempo muerto, lo que erosiona sus ingresos sin que nadie los despida. Es un ajuste invisible pero real.
  • La clave está en la flexibilidad del trabajo gig. Como los conductores no son empleados, el mercado se ajusta por la vía de menos horas trabajadas y salidas silenciosas, no por despidos. Eso hace que el impacto social sea más difícil de ver y, por tanto, de regular.
  • El dato de Gridwise es una señal de alerta: los ingresos por hora cayeron solo en las ciudades donde opera Waymo, mientras que en el resto del país subieron. No es una prueba causal, pero la correlación geográfica es demasiado limpia para ignorarla.
  • La expansión de Waymo a nuevas zonas puede enmascarar temporalmente su cuota de mercado, pero no cambia la tendencia de fondo: cada kilómetro cuadrado que añade es menos pastel para los conductores humanos. Habrá que vigilar los datos de utilización y tiempos de espera, no solo el número de conductores activos.

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