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Waymo y Zoox expanden sus robotaxis a más ciudades de EE. UU.

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Waymo y Zoox expanden sus robotaxis a más ciudades de EE. UU.

Waymo lanza viajes sin conductor en Denver, San Diego y Tampa, mientras Zoox ultima pruebas en Houston y San Diego. La carrera del robotaxi se intensifica justo antes del gran anuncio de Tesla.

Waymo, la división de vehículos autónomos de Alphabet, ha dado un paso más en su expansión comercial: ya ofrece viajes sin conductor de pago en Denver, San Diego y Tampa (Florida). Es la primera vez que la compañía opera en Colorado, y con ello suma tres nuevos mercados a su red, justo en plena escalada de la carrera por el robotaxi. Casi a la vez, Zoox, la empresa de Amazon, ha anunciado que comenzará a probar sus vehículos en Houston y San Diego con supervisores humanos a bordo este mismo mes.

El anuncio llega en un momento clave para el sector, porque se espera que Tesla aproveche un evento previsto para este jueves para dar más detalles sobre su Cybercab sin conductor y su servicio de transporte tipo robotaxi. La consultora Goldman Sachs Research calcula que el mercado estadounidense del robotaxi pasará de unos 3.000 millones de dólares el año que viene a 19.000 millones en 2030, y que podría dispararse hasta los 48.000 millones en 2035.

En el caso de Waymo, la compañía presume de tener más de 4.000 vehículos en 14 ciudades de EE. UU. y de superar los 500.000 viajes semanales en todo el país, con el objetivo de cruzar la barrera del millón de viajes a finales de 2026. Entre sus novedades está el modelo Ojai, más espacioso, basado en un chasis tipo monovolumen de Zeekr, que se ensambla en una fábrica de Arizona. Incluye puertas correderas automáticas, tres pantallas grandes, la tecnología de conducción autónoma de sexta generación de Waymo y un sistema de entretenimiento con integración de Gemini. En cada una de las tres nuevas ciudades, la empresa comenzará con decenas de robotaxis y planea llegar a cientos con el tiempo; los clientes tendrán que pedirlos a través de la aplicación de Waymo. En algunos mercados, además, ofrece sus viajes a través de Uber.

Zoox, por su parte, va por detrás. Su único servicio de pago hoy en día opera en Las Vegas, y en San Francisco tiene un servicio gratuito solo para algunos usuarios, sin fecha anunciada para abrir un servicio de pago. Con las pruebas de Houston y San Diego, la compañía asegura que tendrá presencia en 12 mercados estadounidenses.

El avance del vehículo autónomo, sin embargo, no está exento de fricciones. Los líderes sindicales temen que los robotaxis destruyan empleos en el transporte, y los defensores de la seguridad vial piden a las empresas que publiquen y estandaricen sus datos de kilometraje y accidentes. Además, los coches autónomos pueden dar problemas con mal tiempo, apagones o en carreteras con obras o tráfico inusual; en algunos casos han provocado atascos o han tenido que ser apartados manualmente por los servicios de emergencia.

El análisis de Salseo

  • Waymo pasa de ser una promesa a un negocio en expansión real, pero la clave está en la economía de escala: cada ciudad nueva requiere flotas iniciales de decenas de vehículos, así que la señal a vigilar es si esos mercados logran pasar de decenas a cientos de robotaxis sin un aumento desproporcionado de costes operativos.
  • Zoox no compite aún de tú a tú con Waymo: con solo Las Vegas como servicio de pago, sus pruebas en Houston y San Diego con supervisores humanos reflejan que está años atrás. Amazon le da músculo financiero, pero el verdadero hito sería ver un servicio de pago abierto en San Francisco; hasta entonces, es un proyecto con opciones, no un negocio.
  • El evento de Tesla de esta semana es el factor que puede cambiarlo todo: si presenta un plan creíble para su Cybercab, el mercado pasará de una carrera a tres bandas a una guerra de precios. Pero no hay que olvidar que la regulación y la seguridad, no la tecnología, son el cuello de botella real.
  • Las cifras de Goldman Sachs dibujan un mercado imparable (de 3.000 millones a 48.000 millones en una década), pero ignoran el riesgo político y social: los sindicatos y los grupos de seguridad ya presionan para exigir más transparencia. Si esa presión acaba en normativas más duras por ciudad o estado, el ritmo de expansión podría ser mucho más lento que el previsto.

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Fuente: CNBC