Wearables con IA: Oura retrasa su salida a bolsa y Meta lidia con el rechazo a sus gafas

Los grandes tecnológicos apuestan por gafas, anillos y colgantes con inteligencia artificial, pero el frenazo de última hora a la salida a bolsa de Oura y el rechazo a las cámaras ocultas siembran dudas sobre el momento del sector.
Las grandes tecnológicas están convencidas de que el próximo gran aparato que llevaremos encima no será el móvil, sino unas gafas, un anillo, un colgante o un pequeño 'charm' con inteligencia artificial. Meta, Apple y Google están ampliando su catálogo de dispositivos vestibles con funciones de IA, y la semana parecía llamada a coronar ese impulso con el debut en bolsa de Oura, el fabricante de anillos inteligentes. Sin embargo, la compañía retrasó su salida al mercado en el último momento, el pasado martes, alegando "incertidumbre en el mercado de salidas a bolsa", pese a haber insinuado que la demanda de sus productos es fuerte. Algunos analistas no se lo tragaron: Anshel Sag, de Moor Insights & Strategy, aseguró que cree que hay "algo más" detrás y que le resulta "raro" que se echen atrás así, aunque admitió que no sabe qué es.
Meta es el actor más visible de esta carrera. La compañía presentó la semana pasada Muse Charm, un dispositivo con forma de mascota al estilo Tamagotchi que sirve de carcasa para su aplicación de agente personal, y que se colocó rápidamente en el primer puesto de la lista de aplicaciones gratuitas de la App Store de Apple. Además, sigue lanzando versiones nuevas de sus gafas Meta Ray-Ban con IA, con varios modelos a distintos precios. Pero el éxito comercial viene acompañado de un problema de imagen serio: en redes sociales ya se las conoce como "gafas pervertidas", por sus cámaras discretas que pueden usarse para grabar sin permiso. Una estudiante de máster de 24 años, Bella Nowroozi, contó a CNBC que descubrió en una cita que su acompañante llevaba unas y le pidió que borrara las grabaciones; después, dijo, le dio miedo seguir quedando con la misma libertad que antes. La campaña publicitaria de Meta en la que Kylie Jenner graba su día a día solo avivó las críticas por ese aire de vigilancia.
El analista Gil Luria, de DA Davidson, cree que la resistencia a las gafas con cámara es una batalla difícil de ganar por ahora: "A día de hoy, está acabado. Habrá que volver a esto dentro de diez años". Cuando regaló unas a sus dos hijos adolescentes, recuerda, estaban entusiasmados; ahora "no se las pondrían ni muertos". Para Sag, el reto es que la utilidad del aparato supere el recelo que genera la propia tecnología: "tiene que ser más útil y más beneficioso que los miedos que despierta". Consciente de ello, Meta presentó el mes pasado una versión de sus gafas inteligentes sin cámara, centrada en el audio.
El contexto político tampoco ayuda. El debate sobre los riesgos de seguridad de la IA se está recrudeciendo en Washington justo antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, y los vestibles que escuchan o graban de forma permanente se han convertido en el símbolo visible de ese supuesto estado de vigilancia. Los escáneres de matrículas de Flock Safety están siendo vandalizados y varias ciudades han roto contratos con la empresa por las protestas vecinales; las gafas inteligentes ya están prohibidas en gimnasios y otros espacios por motivos de privacidad. En febrero, el juez del juicio de Los Ángeles sobre la adicción a las redes sociales de Meta amenazó con sancionar por desacato a cualquiera que usara gafas inteligentes con IA durante el testimonio del consejero delegado Mark Zuckerberg, y varias personas que lo escoltaban al entrar en la sala llevaban puestas las Meta Ray-Ban.
En paralelo, la competencia se mueve rápido. OpenAI acaba de lanzar su propio asistente personal, llamado Dots, y trabaja con el diseñador del iPhone, Jony Ive, en dispositivos de consumo, aunque según Bloomberg su primera propuesta no parece ser un vestible. Apple, por su parte, enseñó a principios de septiembre sus últimos aparatos, con funciones de IA en el Watch Series 12 capaces de escuchar tus conversaciones. Como recuerdan los analistas, el GPS llevó los mapas a una pantalla y el 'smartphone' puso un ordenador de bolsillo en nuestro bolsillo; la IA promete ahora eficiencia y automatización en el día a día. Pero, como señala Avi Greengart, los aparatos más futuristas no son necesariamente los que el consumidor quiere llevar encima.
El análisis de Salseo
- El negocio real de Meta aquí no son las gafas ni el 'charm', sino el asistente que va dentro: Muse Charm es una aplicación gratuita que se coloca en el móvil y su objetivo es enganchar usuarios a su agente personal para monetizarlos después. El hardware es la puerta de entrada y también la vía para recopilar datos que alimenten ese agente, así que conviene mirar métricas de uso de la app, no solo unidades vendidas.
- El plantón de Oura es la señal más relevante de la semana: si el fabricante líder de anillos inteligentes se cae en el último minuto pese a haber insinuado demanda fuerte, los inversores están diciendo que no están dispuestos a pagar según qué valoraciones por una categoría que aún no ha demostrado ser imprescindible. Es un termómetro para cualquier otra empresa de vestibles que esté pensando en salir a bolsa en los próximos meses.
- La privacidad ha dejado de ser un debate de nicho y ya es política: con las elecciones de mitad de mandato en noviembre, cualquier aparato que grabe o escuche de forma continua se convierte en arma electoral. Eso empuja a Meta hacia diseños sin cámara —ya lanzó una versión solo de audio— y encarece la adopción en sitios públicos, donde gimnasios y otros locales ya los están vetando.
- La lectura contraria también cuenta: rechazo no es sinónimo de fracaso. Meta coló su app en lo más alto del App Store y mantiene un catálogo con varios precios, así que el problema puede ser de percepción y de momento inmaduro más que de producto muerto. El rival a vigilar es OpenAI con Jony Ive: si su primer dispositivo convence, cambiará el listón de lo que el público acepta llevar encima.