Por qué se desploman las acciones de los coches eléctricos chinos: Nio, Xpeng, Li Auto y BYD en caída libre

Los fabricantes chinos de vehículos eléctricos pierden más de 100.000 millones de dólares en valor por la guerra de descuentos y el fin de las ayudas. ¿Es solo un bache o algo más profundo?
Las principales marcas de coches eléctricos chinos están viviendo un auténtico annus horribilis en bolsa. Nio cotiza ya en torno a los 5 dólares, un 30% por debajo de los máximos de mayo, y ronda mínimos no vistos desde marzo. Xpeng se ha dejado más de la mitad de su valor desde noviembre de 2025, cayendo hasta los 13,21 dólares, lo que ha reducido su capitalización bursátil a unos 12.550 millones de dólares. Li Auto tampoco se libra: sus acciones han bajado hasta los 13,2 dólares y su valor de mercado ha pasado de 34.000 millones a 13.300 millones en apenas un año.
Polestar ha perdido un 52% desde sus máximos de 2025 y BYD, el gigante del sector, ha visto cómo su cotización se reducía a la mitad en los últimos meses. En total, estas compañías han evaporado más de 100.000 millones de dólares en valor desde sus picos históricos. La sangría es generalizada y no parece tener freno a corto plazo.
¿Qué está pasando? La respuesta está en una tormenta perfecta de competencia feroz y cambios en las políticas de apoyo. En China, el mercado de vehículos eléctricos está saturado de jugadores: desde los tradicionales como BYD o Geely hasta los nuevos como Xiaomi, sin olvidar a Tesla. Para mantener el ritmo de ventas, las marcas han entrado en una guerra de descuentos que está erosionando sus márgenes. Los datos de entregas del primer trimestre muestran que BYD vendió más de un millón de unidades (un 59% más que el año anterior), mientras que Xpeng, Li Auto y Nio rondaron las 90.000 cada uno. Se fabrican miles de coches, pero los inversores temen que el crecimiento se esté comprando a base de rebajas.
Además, el gobierno chino ha empezado a retirar las ayudas a la compra. Desde este año, la exención total del impuesto de compra para vehículos de nueva energía ha pasado a ser solo del 50%, y la deducción máxima ha bajado de 30.000 a 15.000 yuanes. Muchos consumidores adelantaron sus compras al último trimestre de 2025 para aprovechar las condiciones anteriores, y ahora la demanda se resiente. Algunas marcas incluso ofrecieron garantías de compensación por la diferencia fiscal a quienes encargaron el coche en noviembre pero lo recibieron ya en 2026, lo que demuestra hasta qué punto dependían de ese incentivo.
Para colmo, la estrategia de expansión internacional, con Europa y Canadá como destinos prioritarios, todavía está en pañales. Aunque Canadá ha reducido los aranceles a los coches eléctricos chinos del 100% al 6% para las primeras 50.000 unidades, el volumen es pequeño comparado con el mercado doméstico. Mientras tanto, la guerra de precios sigue y los inversores se preguntan cuánto margen les queda a estas empresas antes de que las pérdidas sean insostenibles.
El análisis de Salseo
- La caída no es solo por el fin de los subsidios, sino porque el mercado chino está inundado de oferta. Con tantos fabricantes compitiendo, los descuentos son la única forma de mover el stock, pero eso destroza la rentabilidad. El inversor debe vigilar si alguna empresa logra diferenciarse por tecnología o servicio, no solo por precio.
- BYD parte con ventaja por su escala y su integración vertical (fabrica sus propias baterías), lo que le permite resistir mejor la presión en márgenes. Para Nio, Xpeng o Li Auto, que aún queman caja, esta guerra de precios puede ser existencial si no encuentran pronto un camino claro hacia los beneficios.
- El adelanto de compras por el cambio fiscal distorsiona las cifras de entregas. Los próximos trimestres mostrarán la demanda real sin el efecto subvención. Si las ventas se desploman, la presión vendedora podría aumentar. La clave estará en los datos de pedidos, no solo en las entregas, para anticipar la tendencia.
- La diversificación geográfica es una válvula de escape, pero aún pequeña. Europa impone aranceles y Canadá limita el cupo. Hasta que no supongan un porcentaje relevante de los ingresos, estas empresas seguirán siendo rehenes del mercado chino y de su guerra de precios.