Polestar: la administración Trump la dejó colgada antes de vetarla en EE.UU.

Dos meses después de ser expulsada del mercado estadounidense, la marca china de coches eléctricos Polestar confiesa a sus concesionarios que no entiende la decisión y que un primo corporativo con un coche casi idéntico sigue vendiendo allí.
Han pasado dos meses desde que Polestar, la marca de coches eléctricos de propiedad china, recibiera la orden de abandonar el mercado de Estados Unidos. Ahora, en una carta enviada a sus concesionarios el pasado 18 de agosto, la compañía admite que la decisión la pilló completamente por sorpresa. Según ha podido ver The Wall Street Journal, Polestar todavía no tiene una explicación oficial sobre por qué debe cesar sus ventas en el país mientras que una empresa prima, que vende un vehículo prácticamente idéntico, sí ha recibido permiso para seguir operando.
El detalle del 'primo corporativo' es el más llamativo de la misiva, porque evidencia una aparente inconsistencia en la política de la administración estadounidense. Polestar no da nombres, pero se entiende que se refiere a su hermano de plataforma, cuyos modelos comparten gran parte de la tecnología y el diseño. La doble vara de medir ha generado una mezcla de frustración y desconcierto en la red de distribuidores, que se quedaron de la noche a la mañana con inventario sin vender y un negocio en el aire.
El contexto no puede ignorarse: Polestar es una filial del gigante chino Geely, aunque con una estructura accionarial compleja que incluye al fabricante sueco Volvo. Precisamente ese origen chino ha sido el detonante de las tensiones comerciales y políticas que llevaron al veto, en un momento en que Washington busca limitar la influencia de Pekín en sectores estratégicos como la automoción eléctrica. La compañía lleva tiempo intentando posicionarse como una marca global de lujo eléctrico, con presencia en Europa, Asia y, hasta hace nada, Estados Unidos.
La salida forzosa de EE.UU. no solo supone la pérdida de un mercado clave, sino que lanza un mensaje preocupante a los inversores y a los clientes: el riesgo geopolítico puede borrar de un plumazo cualquier plan de expansión. Polestar no ha anunciado ninguna medida legal ni una estrategia clara para revertir la situación, y se limita a pedir explicaciones. Mientras tanto, sus rivales chinos como BYD o MG, que también miran a Occidente, observan con lupa lo que le ha pasado a su compatriota.
La pregunta que queda flotando es si esta prohibición es un castigo puntual o el inicio de una barrera más amplia contra los vehículos eléctricos chinos en suelo estadounidense. La carta de Polestar, en tono de desconcierto pero con afán de transparencia, pretende al menos dejar constancia de que no hubo un diálogo previo. Para el sector, el episodio sirve de aviso: la geopolítica se ha convertido en un factor de riesgo tan importante como la tecnología o el precio a la hora de hacer negocios en Estados Unidos.
El análisis de Salseo
- La comparación con su 'primo corporativo' revela que la prohibición no responde a criterios técnicos de seguridad o emisiones, sino a una decisión política pura. Si dos coches casi idénticos reciben tratos distintos, la herramienta regulatoria se usa como arma comercial, no como filtro de calidad.
- El desconcierto de Polestar no es casual: la administración estadounidense suele negociar y comunicar con antelación este tipo de vetos. Que la empresa afirme que fue engañada indica que hubo señales contradictorias o promesas de que se llegaría a un acuerdo, lo que aumenta la desconfianza hacia la previsibilidad regulatoria.
- Para los inversores, el riesgo no es solo perder un mercado, sino la incertidumbre sobre qué pasará con la red de concesionarios y con el valor de la marca. Polestar ya estaba luchando por alcanzar rentabilidad, y este revés puede retrasar su punto de equilibrio, empujando a los accionistas a exigir un plan B creíble.
- La lectura contraria: quizás la prohibición sea una bendición disfrazada, forzando a Polestar a concentrar sus recursos en Europa y Asia, donde la demanda de eléctricos sigue fuerte y sin fricciones políticas. Pero eso solo funcionará si la compañía sabe pivote rápido, algo que hasta ahora no ha demostrado.