Polestar sufre un nuevo revés: caen sus ventas y EEUU le cierra la puerta

El fabricante sueco de coches eléctricos Polestar ha visto caer sus ventas trimestrales un 4% y se enfrenta a una prohibición de ventas en Estados Unidos a partir de 2027, lo que complica aún más su ya delicada situación.
Polestar, la marca de vehículos eléctricos de origen sueco, no levanta cabeza. Este jueves ha comunicado que sus ventas durante el último trimestre han retrocedido un 4% en comparación con el mismo periodo del año anterior. La noticia llega apenas unas semanas después de que la administración estadounidense le asestara un duro golpe: la prohibición de vender sus coches en el país a partir del año modelo 2027.
La caída en las entregas refleja los problemas que arrastra la compañía para ganar tracción en un mercado cada vez más competitivo. Aunque Polestar no ha detallado las cifras exactas de este trimestre, el descenso del 4% confirma que la demanda no termina de despegar. La firma, que nació como una escisión de Volvo y cuenta con el respaldo del gigante chino Geely, se enfrenta a un escenario complicado: sus modelos, aunque bien valorados por la crítica, no consiguen el volumen necesario para alcanzar la rentabilidad.
El veto en Estados Unidos es quizás el mayor quebradero de cabeza. La medida, que entrará en vigor para los vehículos del año modelo 2027, está relacionada con las crecientes tensiones comerciales y las restricciones a la tecnología de origen chino. Aunque Polestar tiene su sede en Suecia, la producción de sus coches se realiza en China, lo que la coloca en el punto de mira de las autoridades estadounidenses. Perder el acceso a un mercado tan relevante supone un mazazo para sus aspiraciones de crecimiento.
Este nuevo obstáculo se suma a una serie de dificultades que ya venía arrastrando Polestar: retrasos en el lanzamiento de nuevos modelos, una guerra de precios en el sector que reduce los márgenes y la necesidad constante de financiación. La compañía ha tenido que recurrir a préstamos de sus accionistas principales para mantenerse a flote, mientras sus acciones han sufrido un fuerte castigo en bolsa desde su salida a cotizar.
El contexto para los fabricantes de vehículos eléctricos no es sencillo. La desaceleración en el crecimiento de la demanda, las dudas sobre la infraestructura de carga y la competencia feroz de Tesla y de los nuevos actores chinos están obligando a todas las marcas a replantear sus estrategias. Para Polestar, el desafío es doble: debe encontrar la manera de esquivar el veto estadounidense —quizás trasladando parte de la producción a otro país— y, al mismo tiempo, convencer a los compradores europeos y asiáticos de que sus coches son la mejor opción.
El análisis de Salseo
- La prohibición en EE.UU. no es un simple arancel: es un bloqueo total a partir de 2027. Si Polestar no logra trasladar su producción fuera de China —por ejemplo, a la planta de Volvo en Carolina del Sur—, perderá un mercado que representa una parte significativa de sus ingresos futuros. El reloj ya está corriendo.
- La caída de ventas del 4% puede parecer modesta, pero en un sector donde el crecimiento es la clave para diluir costes fijos, cualquier retroceso enciende las alarmas. Polestar necesita volumen para sobrevivir, y este dato sugiere que sus modelos actuales no están conquistando a suficientes compradores.
- La dependencia de Geely es un arma de doble filo: le da acceso a tecnología y financiación, pero la convierte en un objetivo geopolítico. El inversor debe vigilar cualquier movimiento de la compañía para diversificar su cadena de suministro y producción, porque de ello depende su viabilidad a largo plazo.
- Más allá de Polestar, esta noticia es un aviso para todo el sector: la tensión entre Occidente y China está reconfigurando el mapa de la automoción eléctrica. Fabricantes como NIO o XPeng, que también cotizan en bolsa, podrían enfrentarse a barreras similares, lo que añade un factor de riesgo geopolítico a la hora de invertir en el sector.